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13 de abril del 2021

Opinión

Cuando el adversario es más astuto

  El tema de fondo, antes y ahora, es la ignorancia. Porque la diferencia clave respecto a cualquier enemigo suele ser, más que nada, de habilidades y conocimientos; que no siempre es cuestión de metralletas o dinero, limpio o lavado. Muchos de los que se han rebelado contra su opresor, no siempre ganaron la libertad […]




  El tema de fondo, antes y ahora, es la ignorancia. Porque la diferencia clave respecto a cualquier enemigo suele ser, más que nada, de habilidades y conocimientos; que no siempre es cuestión de metralletas o dinero, limpio o lavado. Muchos de los que se han rebelado contra su opresor, no siempre ganaron la libertad o siquiera una mejor condición de vida. Hubo casos de liberación de esclavos en que estos prefirieron continuar al lado de su antiguo amo, sin sueldo, a cambio de alojamiento, víveres y especies, porque no sabían siquiera a dónde ir. Una de las revoluciones más espectaculares y completas fue la de Haití, hacen más de doscientos años: Se deshicieron de sus amos franceses, de los blancos y del imperio napoleónico. Hubo excesos de crueldad, acaso por su ira contenida de siglos. Pero poco tiempo después uno de los suyos los oprimía de nuevo al proclamarse su rey. Los imperios decidieron que esa revolución no podía tener éxito y, desde entonces, Haití no ha encontrado salida. Su propia miseria, y su ancestral ignorancia y obscurantismo son también poderosos adversarios de esas gentes. Décadas atrás, en 1789, la revolución francesa aupó al pueblo contra la nobleza que los tiranizaba, pero solo después de grandes dificultades y varios regímenes autoritarios como el imperio napoleónico, los postulados de la Revolución: libertad, igualdad, legalidad y demás, fueron encontrando espacios; aún enfrentan diversos y poderosos enemigos. Revoluciones más recientes, la rusa y la cubana, y la revolución pacífica que hubiera ocurrido en Chile, tuvieron enemigos prepotentes de afuera y de adentro. También faltó sensatez y estrategias inteligentes a sus promotores. Las grandes transformaciones sociales e individuales tienen éxito solo cuando se supera la astucia del enemigo. Hay que alcanzar lo que teóricos de la revolución llamaron “condiciones subjetivas” y “conductividad estructural”. La lucha individual por autonomía propia y auto realización suele enfrentar, buena o malamente, al niño con sus padres y con el mundo adulto. La adolescencia, especialmente, es una etapa de mucho potencial conflictivo, de la cual no es fácil salir emocionalmente ileso. A menudo fracasan ambos, padres e hijos. Luego, la carrera de obstáculos por la educación profesional. Al ganador le dan un diploma de licenciado o doctor. Los más capaces o favorecidos independizan sus bufetes y consultorios, sus propias empresas; otros buscan empleo en el sector privado o en el gobierno, a veces perdiendo dignidad y sentido de rumbo espiritual. Principalmente porque la carrera de tener seguridad y estatus es riesgosas y estresante. Luego, el difícil encuentro con su cónyuge, en un diálogo psico-espiritual para el que no estamos bien preparados. Luego, los pactos que nos comprometen con un mundo donde gobierna el Enemigo. Son demasiados los que sucumben ante éste, no por ser más fuerte, sino que más astuto. Por ahí anda un libro de miles de años, que explica como vencerlo. Obtener dicho libro es fácil. Muchos no pueden entenderlo por tener la mente entenebrecida por conflictos internos; y por tener su voluntad comprometida y su alma dividida. Por: Rafael Acevedo.

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