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17 de abril del 2021

Opinión

Cuando las niñas dejan de serlo y, a veces, mueren

El jueves pasado fue una jornada escabrosa. Las autoridades que buscaban el cuerpo de Emely Peguero encontraron además los de Dioskairy Gómez, de 16 años, que tenía el rostro y parte del torso quemados; y el de Rosalinda Yan Pérez, de 18 años, que había sido enterrado en el baño de una casa en construcción. […]




El jueves pasado fue una jornada escabrosa. Las autoridades que buscaban el cuerpo de Emely Peguero encontraron además los de Dioskairy Gómez, de 16 años, que tenía el rostro y parte del torso quemados; y el de Rosalinda Yan Pérez, de 18 años, que había sido enterrado en el baño de una casa en construcción. A estos tres casos se suma el de Keiri Modesto, de 17 años, que fue asesinada en un callejón del barrio 27 de Febrero de una forma horrible: tirándole una piedra de 70 libras en la cabeza. Su caso, sin embargo, no ha sido resuelto todavía. Como ellas muchas menores mueren a manos de sus parejas cada año. Otras, aunque sobreviven, mueren cada día por dentro porque deben lidiar con relaciones abusivas, violentas, que no pueden abandonar por la pobreza o, en ocasiones, porque nos han educado tan mal que entendemos que eso es parte de la vida en común. Las estadísticas son tremendas. En el país, según Unicef, el 36% de las jóvenes menores de 18 años están unidas maritalmente, una cifra que aumenta al 60% cuando se habla de las niñas más pobres; y el 65% de las adolescentes de entre 15 y 17 años tienen parejas que son 5 o más años mayores que ellas (a pesar de que está prohibido por ley). Ser niña, sobre todo si se es pobre, es una tragedia en República Dominicana, donde el 53% de las adolescentes que ha sido madre lo fue porque quería; y muchas menores prefieren tener un marido que aguantar situaciones de violencia en su casa aunque, al final, pueda ser una trampa que en ocasiones es mortal. Marien Captain.

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