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21 de abril del 2021

Entretenimiento

Cuatro poemas de Louise Glück, Premio Nobel de Literatura 2020

Proporcionado por Clarín (FILES) This file photo taken on November 19, 2014 shows Louise Gluck attending the 2014 National Book Awards in New York City. – The Nobel Literature Prize went Thursday, October 8, 2020 to American poet Louise Gluck, the jury at the Swedish Academy said. Gluck was honoured «for her unmistakable poetic voice that […]




Proporcionado por Clarín (FILES) This file photo taken on November 19, 2014 shows Louise Gluck attending the 2014 National Book Awards in New York City. - The Nobel Literature Prize went Thursday, October 8, 2020 to American poet Louise Gluck, the jury at the Swedish Academy said. Gluck was honoured "for her unmistakable poetic voice that with austere beauty makes individual existence universal," the Academy said. (Photo by Robin Marchant / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / AFP) "Por su inconfundible voz poética que con austera belleza hace universal la existencia individual", dijo la Academia Nobel. Por eso le dieron el Premio Nobel 2020 a la estadounidense Louise Glück (1943). En castellano hay varios de sus libros, publicados por la editorial Pre-textos. Entre ellos, AraratAverno, El iris salvaje, Las siete edadesPraderas Una vida de pueblo. Aquí, tres de ellos, para ir conociéndola.

La mariposa

Mira, una mariposa. ¿Pediste un deseo? Uno no pide deseos a las mariposas. Tú hazlo. ¿Pediste uno? Sí. Pues no cuenta.

Amor bajo la luz de la luna

A veces un hombre o una mujer imponen su desesperación a otra persona, a eso lo llaman alternativamente desnudar el corazón, o desnudar el alma. (Lo que significa que para entonces adquirieron una.) Afuera, la tarde de verano, todo un mundo arrojado a la luna: grupos de formas plateadas que podrían ser árboles o edificios, el angosto jardín donde el gato se esconde para revolcarse en el polvo, la rosa, la coreopsis y, en la oscuridad, la cúpula dorada del capitolio transformada en aleación de luz de luna, forma sin detalle, el mito, el arquetipo, el alma llena de ese fuego que en realidad es luz de luna, ,tomada de otra fuente, y brilla unos instantes, como brilla la luna: piedra o no, la luna sigue estando más que viva.

Semejanza final

La última vez que vi a mi padre ambos hicimos lo mismo. El estaba parado en la puerta de su habitación, esperando que yo acabase de hablar por teléfono. Que él no estuviera pendiente a su reloj era una señal de que quería conversar. Conversar para nosotros siempre significó lo mismo. El decía algunas palabras, yo decía unas de vuelta. Y en eso consistía. Casi terminaba agosto, hacía mucho calor, mucha humedad. Al lado los trabajadores arrojaban gravilla fresca en la marquesina. Mi padre y yo evitábamos estar solos; No lográbamos conectarnos, hablar por hablar. Era como si no existieran otras posibilidades. Así que esta era especial: cuando un hombre se esta muriendo, hay de que hablar. Debe haber sido temprano en la mañana. De un lado a otro de la calle los aspersores empezaron a funcionar. El camión del jardinero apareció al final de la cuadra hasta que se detuvo para estacionarse. Mi padre quería contarme cómo era eso de morirse. Dijo que no estaba sufriendo. Dijo que se había quedado esperando el dolor, aguardando, pero nunca vino. Lo único que sentía era una especie de debilidad. Le dije lo mucho que me alegraba, que me parecía que tenía suerte. Algunos de los maridos se subían a sus carros para ir al trabajo. No gente que conociéramos. Nuevas familias, familias con niños pequeños. Las amas de casa se paraban en la marquesina, gritando o haciendo ademanes. Nos dijimos adiós como acostumbrábamos, Sin abrazarnos, nada dramático. Cuando el taxi vino, mis padres lo observaron desde la entrada, Agarrados de las manos, mi mamá tirando besos como suele hacer, ya que le molesta cuando una mano no se está usando. Pero por primera vez, mi padre no sólo se quedó parado ahí. Esta vez saludó. Eso mismo hice yo en la puerta del taxi. Como él, saludé para esconder el temblor de mi mano.

El iris salvaje

Al final del sufrimiento me esperaba una puerta. Escúchame bien: lo que llamas muerte lo recuerdo. Allá arriba, ruidos, ramas de un pino vacilante. Y luego nada. El débil sol temblando sobre la seca superficie. Terrible sobrevivir como conciencia, sepultada en tierra oscura. Luego todo se acaba: aquello que temías, ser un alma y no poder hablar, termina abruptamente. La tierra rígida se inclina un poco, y lo que tomé por aves se hunde como flechas en bajos arbustos. Tú que no recuerdas el paso de otro mundo, te digo podría volver a hablar: lo que vuelve del olvido vuelve para encontrar una voz: del centro de mi vida brotó un fresco manantial, sombras azules y profundas en celeste aguamarina. PK

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