República Digital - Indotel Anuncio

14 de abril del 2021

Opinión

Cuentas por cobrar

Yvelisse Prats-Ramírez de Pérez. Escribí este En Plural acabando de oír, en un largo ejercicio de paciencia, el larguísimo discurso del 27 de febrero del ciudadano Presidente. Inconvenientes de última hora me impidieron publicarlo. Como la visión fantástica que preside, ese discurso es interpersonal: publico hoy mi comentario. Muestro al Presidente de la Republica el […]




Yvelisse Prats-Ramírez de Pérez.
Escribí este En Plural acabando de oír, en un largo ejercicio de paciencia, el larguísimo discurso del 27 de febrero del ciudadano Presidente. Inconvenientes de última hora me impidieron publicarlo. Como la visión fantástica que preside, ese discurso es interpersonal: publico hoy mi comentario. Muestro al Presidente de la Republica el respeto que merece su investidura, dejando escáneres y travesuras a un lado, es presidente de todos/as los dominicanos, siendo yo una de ellos. Soy una ciudadana responsable, tengo el derecho, que es a la vez deber, de mantenerme bien enterada de las acciones gubernamentales, de por qué, el para qué de ellas, dándole seguimiento a los planes. De sus políticas públicas dependerá el bienestar o el malestar mío, de mis hijos y nietos, y de esa otra gran familia que siento mía, los papás, las mamás, los hijos y las hijas de mis conciudadanos. Por eso, y también porque uno a esa responsabilidad ciudadana mi condición de dirigente del Partido Revolucionario Moderno, me senté el 27 de febrero a escuchar atentamente, y con respeto, al Lic. Danilo Medina, en su “Rendición de Cuentas” que la Constitución señala de cumplimiento anual obligatorio. Esperé, los datos fi dedignos que debe contener una rendición de cuentas, mucho más si se trata del presupuesto nacional del periodo sobre el que se informa. O las cosas han cambiado mucho últimamente, o lo que empecé a oír NO ERA, y NO ES, la rendición de cuentas que exige nuestra ley sustantiva, esa que cuando fui Ministra de Educación tenía que rendir sobre el área bajo mi responsabilidad cada año, y que, presentaba junto a las rendiciones de todos los otros organismos estatales, el presidente de la Republica, el 27 de febrero en el periodo 1982-86. La lectura, era estrictamente apegada a las cifras. El Presidente, lector fi dedigno, hacía algún comentario, subrayaba un aspecto importante, sin caer nunca en desmesurados elogio, a uno u otro ministro. Se partía del criterio de que los funcionarios hacíamos, sencillamente, lo que teníamos como tarea propia de nuestro cargo. Y era correcto ese juicio ¿Si el Ministerio Obras Publicas, por ejemplo, no construye carreteras y puentes, repara los maltrechos, y fabrica escuelas que en el plan estratégico del gobierno se consignan para el año? ¿Para que serviría? Los gobiernos peledeístas, un poco al estilo de Goebbels, creen en el poder de la propaganda. De ahí que el discurso presidencial de rendición de cuentas de este año, desde el principio hasta el fi nal, fue una enorme valla, un mural colorido, un “collage” compuesto de estampas maquilladas, de lo que se hizo en 2017, y lo que en 2018 se pretende. Los anuncios, ya se sabe, embellecen lo anunciado, lo falsean por completo. Por ejemplo, la frase, muy reiterada, de “país clase media” disfraza la realidad de una nación donde un 50% de ciudadanos no acceden al agua potable, un 60% quieren emigrar del país, y un 35% de los jóvenes son “sin-sin” (sin trabajo y sin estudiar). Los anuncios también condicionan el endeudamiento insostenible que reconocen y advierten organismos internacionales. ¿Cómo puede, dice mi lógica formal, oír los optimistas diagnósticos y pronósticos del Presidente que habla de crecimiento económico, en un país que ocupa uno de los lugares más tristes en el ranking de la desigualdad en nuestro continente? ¿Cómo, si en mi presupuesto hogareño yo tengo más deudas que entradas, puedo creer que soy rica? La mezcla alucinante de fantasías del Presidente, olvidando que era una rendición de cuentas, hizo también una proyección dorada y luminosa del 2018. Como siguen los préstamos, todo lo que se ofrece hacer para este año requerirá de nuevas deudas, que pagarán nuestros nietos y ¡hasta tataranietos! Y no se habló de la corrupción ni la impunidad en el discurso presidencial, si lo esperaba alguien sería un ingenuo. En resumen, no me gustó, tampoco a cientos de miles de ciudadanos, el discurso del Presidente el 27 de febrero. No me gustó porque desvirtuó el sentido y la fi nalidad de una RENDICION DE CUENTAS presidencial; la convirtió en una apología ilusoria de su gobierno. Tampoco me gustó, siempre me ha irritado eso, que el discurso parece destinado a un público obsecuente y de inteligencia corta. Los errores, muy obvios, la seguridad con la que se enuncian fantásticas afi rmaciones, desconocen una sabiduría popular que no ha disminuido el mal sistema educativo. Porque respeto al Presidente, espero que ese respeto sea reciproco. No lo sentí así oyendo su versión adulterada de la rendición de cuentas. Junto a mí, piensan lo mismo muchos ciudadanos, solo hubo que consultar durante estas dos semanas las redes. No fue la rendición de cuenta que la Constitución demanda. En todo caso, estas cuentas son por cobrar. ¡En el 2020!

Noticias destacadas