República Digital - Indotel Anuncio

17 de abril del 2021

Opinión

Cumpleaños 75: medio siglo hablando con los muertos

Por Sergio Sarita Valdez. Con el permiso tácito de Pablo Milanés, tomo prestado estos fragmentos del poema Años: “El tiempo pasa/ Nos vamos poniendo viejos/ El amor no lo reflejo como ayer/En cada conversación, cada beso, cada abrazo/ Se impone siempre un pedazo de razón…/ Viendo las horas, que van muriendo/ Las viejas discusiones, se […]




Por Sergio Sarita Valdez. Con el permiso tácito de Pablo Milanés, tomo prestado estos fragmentos del poema Años: “El tiempo pasa/ Nos vamos poniendo viejos/ El amor no lo reflejo como ayer/En cada conversación, cada beso, cada abrazo/ Se impone siempre un pedazo de razón…/ Viendo las horas, que van muriendo/ Las viejas discusiones, se van perdiendo entre las razones”. Con la venia de la folklorista chilena Violeta Parra transcribo estos versos: “Gracias a la vida que me ha dado tanto/Me ha dado la risa y me ha dado el llanto/ Así yo distingo dicha de quebrantos/ Los dos materiales que forman mi canto/ Y el canto de ustedes que es mi propio canto/ Y el canto de todos que es mi propio canto”. Un día como hoy salí del vientre materno, en una humilde casita con tablas de palma, techo de cana y piso de madera, ubicada junto al camino real, en un apartado rincón de la provincia de Puerto Plata, alumbrado por la luna y las estrellas; con el fondo musical del sonido de las aguas del río Pérez, afluente del otrora caudaloso río Bajabonico. Fui el segundo, en orden de edad, de una camada de diez hijos, cada uno con paladar distinto a la hora de comer, teniendo que sacrificar las preferencias, bajo el imperativo de un plato en común para una decena de bocas. Tuve la dicha de ser el primer bachiller y profesional hijo de la zona. Entré a vivir como técnico de banco de sangre y practicante al recién inaugurado hospital Dr. Francisco E. Moscoso Puello. El golpe de Estado septembrino de 1963 nos privó del alojamiento y alimentación en dicho centro de salud. Muchos fueron los malabares realizados para conseguir graduarme de médico en la entonces Universidad de Santo Domingo, entre los que se incluyen beca, servicios nocturnos en clínicas privadas y alistamiento en las filas del Cuerpo Médico de La Policía Nacional. El exequátur lo obtuvimos luego de realizar la pasantía en el municipio de Monción, provincia Santiago Rodríguez. A finales de diciembre de 1968 marché a los Estados Unidos con fines de especialización médica en donde empecé a interpretar el lenguaje de los difuntos. Viví 15 años en territorio norteamericano, incluyendo dos en la Escuela de Medicina e Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Puerto Rico. Son decenas de miles los muertos que me han mostrado los daños sufridos en vida, entre los que cuenta un hermano a quien le habrían dictaminado erróneamente su causa de muerte como un ahogamiento, cuando en verdad éste mostraba quemaduras eléctricas en su cuerpo producto de una electrocución. Fue con ese caso que entendí el por qué le llamaban médico legista a los profesionales que hacían los levantamientos de fallecidos: veían de lejitos.
Con la certeza que nos da la práctica honesta de la autopsia, mucho antes de que se subieran los vídeos en las redes sociales, demostrábamos que muchos homicidios acaecidos en los famosos “enfrentamientos”, correspondían a heridas por armas fuego con entrada en las espaldas de las víctimas. Algunos decesos carcelarios eran asesinatos encubiertos. Casi la mitad de las muertes clínicas ocurridas en el país tienen una causa básica errada en los certificados de defunción. ¡Tantos cadáveres aún deseosos de expresar sus verdades! Me enorgullece haberle entregado al pueblo con fidelidad, las evidencias de los hechos reales, sin el falso acomodo que algunos vivos desearan.

Noticias destacadas