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10 de mayo del 2021

Política

Danilo y el monstruo de diez cabezas

Con los males que ha causado a nuestro sistema de salud la Ley 87-01, que crea el famoso Sistema de Seguridad Social, sí se puede decir que “la cura ha resultado más cara que la enfermedad”. En reiteradas ocasiones he dicho que aquello no es más que una aberración. Nuestro país se metió en ese […]




Con los males que ha causado a nuestro sistema de salud la Ley 87-01, que crea el famoso Sistema de Seguridad Social, sí se puede decir que “la cura ha resultado más cara que la enfermedad”. En reiteradas ocasiones he dicho que aquello no es más que una aberración. Nuestro país se metió en ese lío sin saber hacia dónde nos llevaría. Porque, como ocurre en muchos casos, muchos comerciantes -perdón, quise decir políticos- de entonces vieron en esa herramienta legal la oportunidad de hacer fortuna, como siempre, a costa de los más débiles. Y es así como, a diecisiete años de su promulgación, aún hay varias cuestiones que se proyectaron para entrar en vigencia de manera diferida que nunca han entrado en vigencia y ya al monstruo le han nacido demasiadas cabezas. Por todo lo anterior, veo con beneplácito la iniciativa del Presidente de la República de evaluar los avances y retos pendientes en el sistema. Sin embargo, señor Presidente, le tengo una mala noticia: retos hay de sobra, avances muy pocos, con excepción de los esfuerzos que hace el Gobierno central. Sé que usted es un Presidente al que le duele su pueblo, que sufre en silencio las limitaciones financieras que le impiden satisfacer a plenitud el proveimiento de los bienes públicos puros que demanda su país. Cuando me pongo en su lugar, y conociendo su grado de sensibilidad humana, sé los dolores de cabeza y las noches de insomnio que le provocan los obstáculos que encuentran los más débiles en su intento de acceder a servicios imprescindibles como el de la salud. Y como he dicho que al monstruo le han nacido demasiadas cabezas, supongo el dolor de cabeza que tiene, señor Presidente, con la indicada ley sobre el Sistema Dominicano de la Seguridad Social, si tomamos en cuenta que, adscritos a un orden democrático y capitalista, de libre empresa y de derecho internacional como estamos, las soluciones que impliquen rupturas tajantes con el estatus quo imperante son imposibles, muy a pesar de la cláusula de Estado Social y democrático de derecho que consagra el artículo 7 de nuestra Carta Magna, definidor de la fórmula política del  Estado dominicano; pues, hay que recordar que aquello de “un país, dos sistemas” inventado por Deng Xiaoping con respecto a Hong Kong y Macao, sucedió en una coyuntura de tiempo y espacio irrepetible. Para lo que sí nos puede servir nuestra cláusula de Estado social es para incrementar el papel regulador, interventor, si se quiere, de éste y -¿por qué no?-, para aumentar su capacidad de prestador de servicios, regulando las ganancias desproporcionadas de quienes se lucran del sistema y asumiendo en su totalidad la responsabilidad de proveer los servicios que, en el marco de un esquema razonable del ejercicio de la medicina privada, del negocio de las ARS y el de  las farmacéuticas, no sean posible prestar a los más débiles; reorientando el desempeño de las AFP, entre otras cosas. Y si usted pone, señor Presidente, como siempre lo ha hecho, sus oídos en el corazón de su pueblo, se dará cuenta que la actual legislación sobre salud propicia un sistema injusto y excluyente en demasía. Las ARS hacen con los ciudadanos lo que les da la gana y con los médicos también. Tienen un monopolio tal que al médico que ellas no le proveen un código se muere de hambre. Iniciadas incluso por algunos funcionarios del gobierno que implementó la famosa ley, algunas han ganado cien millones y más por año, a costa de la negación de atenciones, por ejemplo en enfermedades catastróficas, a los infelices que nunca podrían pagarlas. Del mismo modo, muchas clínicas y médicos le roban el dinero al pueblo inventando pago de diferencias por intervenciones, consultas y demás servicios. Están todos como chivos sin ley. Me parte el corazón, señor Presidente, cuando veo en la televisión a una madre desvalida pidiendo cooperación para pagar una operación a su hijo que cuesta miles de dólares y no tiene cobertura. Insisto sé que no será fácil, pero también sé que usted tiene el temple suficiente para apretar la tuerca allí donde los tornillos del sistema disponen de muchas arandelas de presión que facilitan el engaño, el robo y la inhumanidad patente. Confío en que su genio político propiciará un nuevo rumbo al sistema de salud, Ojalá y los legisladores le hagan caso. El autor es abogado y politólogo. Emerson Soriano.

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