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11 de mayo del 2021

Opinión

De afuera vendrán

Orlando Gil. Después de tanto ir y venir, las primarias abiertas o cerradas no serán el problema. Antes de que llegue junio, y sin pensar en octubre, los partidos van apartando y comprometiendo posiciones que al final no sabrán cómo arreglar la carga en el camino. Se juramenta a fulano y a zutano, y entusiasmo […]




Orlando Gil.

Después de tanto ir y venir, las primarias abiertas o cerradas no serán el problema. Antes de que llegue junio, y sin pensar en octubre, los partidos van apartando y comprometiendo posiciones que al final no sabrán cómo arreglar la carga en el camino.

Se juramenta a fulano y a zutano, y entusiasmo como nunca, y los discursos enaltecen la gloria de cada cual sin que se cuenta la verdad. No es por fervor ni por militancia, ni adhesión graciosa.

Todo el que llega lo hace con una candidatura debajo del brazo, unas veces con disimulo y otras de manera manifiesta.

Dicen –por ejemplo– que Aníbal García Duvergé será el seguro candidato a senador por el PRM en la provincia de San Cristóbal.

Ya ocupó esa posición en la boleta del antiguo PRD, y al juramentarse en el PRM, lo hizo con la gente que lo sigue a donde quiera que vaya y sin importar si sale pato o gallareta.

Atraer dirigentes de otros partidos, mucho más si tienen ascendiente, y hacerlo ofreciendo pan o compartir la mesa, es inteligente.

Solo que no debe olvidarse que la ley asigna a la dirección una cuota de 20%, y cuando se sabe que están dando, todo el mundo se pone en fila, y si la fila es larga podría pasarse del 20%.

Lo justo fuera que el aspirante se inscribiera y se sometiera al escrutinio de las primarias, abiertas o cerradas, y ganara en buena lid el cargo que apetece.

Al menos eso es lo que quisiera la democracia.

Los partidos debieran cuidarse de que un ánimo de frustración se apodere de su militancia, la cual no va a ver con buenos ojos que cualquier recién llegado coseche sin haber sembrado.

Irrita, y tanto, que vale recordar la vieja expresión que “de afuera vendrán que a los de adentro echarán”. Tal vez la ley cubra ese flanco. Nadie que se postule por un partido, y pierda, puede intentar en otro.

El tránsfuga no tendrá vida, y será la maldad por la maldad misma, ya que no solo le cortarán el agua y la luz, sino también el cable. Incluso al carro le quitarán las gomas.

No obstante esas duras penalidades, habrá que ver cómo reaccionarán o se comportarán los afectados, pues la política ahuyenta la nobleza cuando no conviene a sus fines.

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