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06 de mayo del 2021

Política

De China a Punta Cana Una nueva diplomacia

El establecimiento de relaciones diplomáticas de la República Dominicana con la República Popular Chinaha ha provocado un alud de comentarios en la prensa internacional. Medios de comunicación como The New York Times, CNN, BBC, El País o Financial Times, se han hecho eco de la noticia y en algunos casos han publicado artículos redactados desde […]




El establecimiento de relaciones diplomáticas de la República Dominicana con la República Popular Chinaha ha provocado un alud de comentarios en la prensa internacional. Medios de comunicación como The New York Times, CNN, BBC, El País o Financial Times, se han hecho eco de la noticia y en algunos casos han publicado artículos redactados desde sus corresponsalías en Taipéi o Beijing para profundizar en el significado del acuerdo. Algunas de las reacciones son una muestra, por parte de la “opinión pública” global, de lo que supone que un Estado soberano decida cambios significativos en su política exterior en función de sus intereses legítimos. A grandes rasgos, podemos decir que la narración de la noticia se estructuró del siguiente modo: primero, se subrayó la fortaleza de la diplomacia china (en algunos casos identificada como “diplomacia del dólar”); segundo, se enumeraron los países que aún mantienen con Taiwán una relación de reconocimiento mutuo; tercero, se nombraron los que han tomado la misma senda que República Dominicana pero con anterioridad (Panamá o Costa Rica); cuarto, dieron cuenta de las explicaciones ofrecidas por las autoridades dominicanas (el eje argumental de sus comparecencias fue que la realidad socioeconómica global obligó a un cambio de rumbo y que la decisión contó con el apoyo del sector empresarial); y quinto, se recogieron palabras de políticos relevantes en Taiwán o EEUU (pensemos en la intervención de Marco Rubio, senador por Florida, en la que mostraba su decepción por los hechos y exigía a su gobierno que tratase de contrarrestar la influencia de China). El repaso de los artículos provoca en el lector ganas de formular preguntas, entre ellas: ¿Han olvidado cuándo empezaron las relaciones diplomáticas China y los EEUU? O, ¿es pertinente la preocupación que muestran algunos de ellos?. Ante este panorama reflexivo, resulta curioso que fuese Punta Cana el escenario elegido por Henry Kissinger (ex secretario de Estado de los EEUU) para redactar su libro On China; sin duda uno de los testimonios más relevantes sobre el reencuentro del mundo occidental con la China continental. El libro (dedicado a Annette y Oscar de la Renta) ofrece una visión personal de la historia de China y una versión directa sobre los entresijos de la visita oficial que realizó el presidente Richard Nixon al gigante asiático en 1972 y que culminó con la normalización de las relaciones bilaterales. Las ideas principales de Kissinger pueden resumirse en las siguientes apreciaciones: China conserva una particular forma de pensar la historia y su papel en ella, así como una política exterior con reglas propias, entre las que destacan que no contempla como objetivo la expansión de sus valores y que enfrenta con pragmatismo su relación con otros pueblos. Asimismo, afirma que,a pesar de la revolución y sus consecuencias, hay concepciones milenarias que perviven y que siguen conformado la identidad de sus ciudadanos.Por último, considera que el lugar común de China con los EEUU es su consideración deque sus intereses nacionales son coincidentes con el interés general de la humanidad. Un planteamiento que permite enjuiciar con sentido crítico el multilateralismo chino cuando es definido con la simple retórica de un ganar-ganar. El inicio de las relaciones diplomáticas no puede ser analizado sin atender al modelo chino de desarrollo y a su actual propuesta para el comercio internacional: One Belt, One Road (la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda). El proyecto, de ser llevado a cabo en su totalidad, supondría una redefinición de Eurasia(Europa y Asia) gracias a una mayor integración económica en función de mejoras en la conectividad. Y, por tanto, traería consigo una alteración profunda del orden mundial. Una de sus derivadas, presentada en el foro China-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) del pasado mes de enero, es la creación de la Ruta de la Seda Transpacífica y es aquí donde el Caribe resulta una parada atractiva. Las inversiones chinas en Panamá, Cuba, Jamaica, Bahamas, Guyana, Granada etc., son ejemplos del intento de reforzar su presencia en un espacio tradicionalmente dominado por EEUU. Y prefiguran el destino que China quiere depararle al Caribe. Por todo ello, el citado pacto es mucho más que la “diplomacia del dólar” (reconocimiento por inversión)o un paso para el aislamiento internacional de Taiwán; asuntos que se han convertido en las razones de mayor peso para la prensa internacional. Si nos quedamos anclados en los puntos anteriores perdemos de vista lo realmente significativo: el acuerdo permite medir la importancia que China concede a la región del Caribe dentro de su nueva estrategia global y la República Dominicana no podía permitirse el lujo de quedarse al margen. Las alianzas entre Estados soberanos no se construyen bajo la misma estructura lógica con la que resolvemos problemas morales individuales, ni con la que justificamos a los demás nuestras formas de querer, nuestras rupturas o reconciliaciones. Razón por la cual, no son fáciles de comunicar a la sociedad civil por las vías institucionales y suele escogerse el discurso de lo “inevitable” para su fundamentación. La preocupación ética de un sector de la población por tantos años de estrecha colaboración con Taiwán es razonable. Pero también lo es, que en el actual contexto geoeconómico los líderes políticos tengan la audacia de identificar qué decisiones garantizan la prosperidad y seguridad de sus estados; y esta era una de ellas.

Por:

ALFREDO KRAMARZ .

Doctor en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid.

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