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11 de abril del 2021

Opinión

De Embajada, perdón y amores patrios

Pablo McKinney. “Lo que no te perdono es haberme  besado con tanta alevosía”. N. Nicola.  LA HORA DEL PERDÓN.  No es cierto eso de que “Amor es no tener nunca que pedir perdón”. No. Para mí, amar, amor es un día tener que pedir perdónÖ y merecerlo. Merecerlo porque se tienen otros méritos, se han propiciado […]




Pablo McKinney.
“Lo que no te perdono es haberme  besado con tanta alevosía”. N. Nicola.  LA HORA DEL PERDÓN.  No es cierto eso de que “Amor es no tener nunca que pedir perdón”. No. Para mí, amar, amor es un día tener que pedir perdónÖ y merecerlo. Merecerlo porque se tienen otros méritos, se han propiciado unos avances que compensan los errores cometidos, aquellos por los cuales se pide el perdón (“si es que te he faltado”). El joven economista y politólogo Ricardo Pérez Fernández en un sesudo artículo este sábado en esta casa, propone “El mea culpa en la política: De virtuosos e inteligentes” y lo hace a partir de un razonamiento irrebatible: el mercado político cambió, la lucha política se amplió, y ya no solamente “periodistas somos todos” sino que, además, todos somos importantes y podemos ejercer de ciudadanos participando libremente en esa revolución social que las nuevas tecnologías “trujeron”. Facebook es el escenario del mundo. Se ha “horizontalizado” la información y empoderado al ciudadano, ya digo. El futuro era ayer. LA CORRUPCIÓN COMO ARMA IMPERIAL Ahora que a partir de la defensa de sus intereses, a los estadounidenses les ha dado por colocar en la agenda de sus países de influencia el tema de la corrupción, y gracias a ese interés en nuestro país llegarán a juicio los más vulgares y flagrantes casos, (incluidos los Tucano y Odebrecht), ahora es el mejor momento del que dispondrá nuestra partidocracia reinante para pedir perdón, ¡y a ver si lo merece! (como en el amor). Tal que los norteamericanos, o como decía don Carlos Puebla: “los terribles señores imperialistas Yankees” (uno es que no se siente bien coincidiendo tanto con la Embajada) se han decidido a utilizar el tema de la corrupción (como en su momento el comunismo y más tarde el terrorismo) para, a partir de una verdad (hay corruptos impunes) reposicionarse y recuperar el terreno político empresarial perdido en la América morena en los últimos 25 años por culpa de los Lula, los Chávez, los Correa, los Evo, mientras los Chinos van llegando y Rusia penetrando ya sin Soviets. Ha coincidido el interés imperial con el interés nacional. En el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva se han reunido -camino a la Suprema y pasando por Palacio- “el hambre con las ganas de comer”, y para nuestra partidocracia -demorada o no- es el momento de pedir perdón y corregir el camino para renovarse o prepararse a morir. Y esta vez no hay pero que valga, ni ministerio público que no se atreva, ni juez despistado que mire para otro lado, a menos que esté dispuestos a un suicidio imperial que comienza con el retiro de su visado, y puede terminar con la mano, ahora dura, del Consejo del Poder Judicial y sus duros juegos, entre otros versos. AMOR CIEGO A PRIMERA VISTA La Embajada no quiere corrupción y nosotros tampoco, ¡amor a primera vista! Entonces, es la hora del mea culpa. Peledeístas, escuchen al sobrino, perrede/meístas despistados, reformistas vencidos, ¡alerta! Hasta aquí llegó el desmadre de la absoluta impunidad en lo político empresarial. Los imperialistas yanquis y la dama nacional se han enamorado y andan en amores full, brindándose a cada almuerzo “delicias de chinola”, jugando a amarse en el diván de sus cuerpos, besándose en cada farola de la Zona. Como diría el genio de Sabina, “el Imperio quiere dormir con ella (con la dama nacional) y ella no quiere dormir sola”. Por todo esto, para nuestra partidocracia reinante toda es la hora bendita de pedir perdón y a ver si lo merece.  Por cierto, “Lo que no te perdonoÖ” N. Nicola.

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