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12 de abril del 2021

Opinión

De juez a juez

Por si no se han dado cuenta todavía, el Colegio de Abogados de la República Dominicana (CARD) tiene un pleito casao con la Suprema Corte de Justicia, o más concretamente con su presidente Luis Henry Molina, al que acusa de tener secuestrada la justicia al negarse a ordenar la reapertura de los tribunales, cerrados como […]




Por si no se han dado cuenta todavía, el Colegio de Abogados de la República Dominicana (CARD) tiene un pleito casao con la Suprema Corte de Justicia, o más concretamente con su presidente Luis Henry Molina, al que acusa de tener secuestrada la justicia al negarse a ordenar la reapertura de los tribunales, cerrados como consecuencia de la pandemia del coronavirus. Pero los problemas del presidente de la Suprema no son solo con el CARD y su presidente, Miguel Surum Hernández, como quedó evidenciado ayer con la denuncia depositada ante la Procuraduría General de la República por el juez de paz Leonardo Recio Tineo, miembro del Consejo del Poder Judicial, quien lo acusa de prevaricación, desfalco, usurpación de funciones, denegación de justicia, abuso de poder y coalición de funcionarios. Según declaraciones del magistrado Recio Tineo, el presidente de la Suprema busca desmantelar todos los organismos de la justicia para gobernar con un poder absoluto, que estaría utilizando para apoderar de todos los casos de envergadura a los “jueces políticos”, que no pertenecen a la carrera del Poder Judicial, para que “les resuelvan sus problemas”. En momentos en que la Procuraduría General, a través de la dirección de Persecución de la Corrupción Administrativa (Pepca), trabaja arduamente en la instrumentación de varios expedientes por corrupción contra exfuncionarios del pasado gobierno esas son palabras mayores a las que debe prestarse mucha atención. Sobre todo cuando se recuerda la forma en que Luis Henry Molina llegó a la presidencia de la Suprema Corte de Justicia, a donde cayó en paracaídas por obra y gracia del entonces presidente Danilo Medina, cuya reelección promovió con notorio entusiasmo. Esa es la razón por la cual, entonces y ahora, resulta inevitable relacionar su entusiasta proselitismo con la suerte de llegar a presidir ese tribunal sin haber sido juez ni de un concurso de chichiguas. Claudio Acosta .

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