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18 de abril del 2021

Opinión

De propensiones, hechos y lecciones

César Pérez. Leyendo y releyendo algunos textos sobre hechos políticos, sociales y biográficos, me  hacen pensar que los seres humanos tenemos la propensión a analizar el pasado con los instrumentos de conocimientos que nos da el presente al margen del contexto en que esos hechos se produjeron, a asumir como válidas algunas teorías surgidas de […]




Leyendo y releyendo algunos textos sobre hechos políticos, sociales y biográficos, me  hacen pensar que los seres humanos tenemos la propensión a analizar el pasado con los instrumentos de conocimientos que nos da el presente al margen del contexto en que esos hechos se produjeron, a asumir como válidas algunas teorías surgidas de soluciones coyunturales que determinados actores dieron a la realidad que en su momento enfrentaron; a infravalorar el hecho de que una persona con vida pública tiene también una vida privada a la cual tiene derecho y que influye de manera a veces determinante en los buenos o malos resultados de sus acciones en la esfera pública. Los principales dirigentes de la Revolución Bolchevique no tenían referencias teóricas para dar solución a cuestiones cruciales como, entre otros: sofocar un movimiento contrarrevolucionario armado apoyado por potencias extranjeras y levantar un proceso productivo devastado por las guerras careciendo prácticamente de capital humano. Para defender el proceso revolucionario se recurrió a medidas represivas coyunturales que devinieron estructurales, elevándolas a nivel de teorías, ejemplos: dictadura del partido único, la colectivización forzada, la centralización estatizada de la economía. Podría discutirse sobre la inevitabilidad o no de esas medidas, pero es inexcusable que teorías surgidas en esa coyuntura, que por demás no evitaron el colapso del sistema, se asuman hoy como válidas. Al pasar balance sobre el papel de la izquierda dominicana en la política en las décadas de 60/70, tendemos a subvalorar el contexto en que actuaron sus principales dirigentes o abstrayéndonos del nivel de desarrollo de las ideas políticas del país y del andamiaje ideológico de casi todos ellos, que era básicamente las teorías arriba señaladas, las mismas de los dirigentes de izquierda de todo el mundo, prácticamente. Las profundas limitaciones del referido andamiaje le impidieron jugar un papel más eficaz y tener hoy un mayor significado en tanto fuerza política, sin subvalorar la contribución que ellos hicieron a la consolidación de las libertades políticas en el país. Eso es comprensible, pero es incomprensible que a pesar de ese balance persistan en su error. También, quizás sea útil reflexionar sobre la relación que se establece entre individuo-Causa-instituciones-familia y su posterior impacto en los procesos políticos y sociales. El Che hizo todo lo que hizo en sólo 11 años, no tuvo tiempo para la vida privada; tampoco la tuvieron Amin Abel, El Moreno, Orlando Martínez, etc. Otros estuvimos fuera del país o imposibilitados de acompañar a nuestras compañeras y/o familiares en momentos   cruciales, el compromiso en esos y con esos tiempos lo impedía. En una reunión del partido bolchevique, a Trotski le preguntaron si quería defenderse de los cargos que se le imputaban, “no se puede tener razón contra el partido”, se limitó a decir. En se momento, en nombre del partido se postró y en nombre de ese partido posteriormente lo asesinaron. Aldo Moro, el más respetado líder del oficialista partido Democracia Cristiana, DC, fue raptado por el grupo ultraizquierdista Brigadas Rojas, exigiendo la liberación de algunos de sus miembros que guardaban en prisión. El Partido Comunista Italiano, PCI, y la DC plantearon la llamada línea de la firmeza: no negociar con terroristas. Moro, obligado por las Brigadas Rojas, envió varias cartas a la dirección de su partido y al jefe máximo del Estado pidiéndoles que desarrollasen algunas iniciativas tendentes a obtener su liberación, pero los referidos partidos mantuvieron su línea y Moro fue asesinado por sus captores, lo inmolaron en nombre del dios Estado. Aquí, en 1963, Manolo Tavárez se fue a las escarpadas montañas de Quisqueya inmolándose en defensa la voluntad popular, en una acción de la que él no estaba convencido de su pertinencia, pero la emprendió presionado por muchos de sus compañeros, según cercanos y honestos colabores suyos. Caamaño fue aconsejado por el PCD y por Bosch para que saliera de Cuba y se lanzase a la arena política; luego de ser el principal dirigente de la Revolución de Abril y teniendo decenas de miles de soldados bajo su mando, salió de aquel país con apenas 8 hombres y se inmoló en una acción guerrillera condenada al fracaso desde su inicio. Ambos prefirieron morir para mantener la pureza de sus juramentos, ambos desdeñaron la realidad de las circunstancias que enfrentaron. Deben respetarse sus posiciones y sus memorias, pero se es responsable al decir que sus inmolaciones por la pureza de sus principios tuvieron consecuencias significativamente negativas para el proceso de luchas para construir una sociedad sin las taras que tenemos hoy día. Causas, instituciones e individuos no son la misma cosa, una causa tiene sentido si no devora a sus propios hijos. Las experiencias y hechos referidos en nada desvalorizan a quienes fueron sus protagonistas, pero sin un análisis desapasionado de ellas, sin hacer un balance seriamente crítico las experiencias pasadas y de la historia, difícilmente seremos útiles y eficaces en el largo camino de cambiar este país. Mantendremos esa inútil propensión al fracaso.

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