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15 de abril del 2021

Política

Decálogo para presidentes

Pablo Mckinney.  A escasas 72 horas para que Luis Abinader Corona asuma como Presidente de la República, para que conste en acta y por con­sejos no quede, a continuación diez lec­ciones para gobernar. Un buen presidente debe: 1.- Recordar la máxima de Abraham Lincoln, que citó el profesor Juan Bosch en 1963: “Un presidente no tiene amigos […]




Pablo Mckinney.
 escasas 72 horas para que Luis Abinader Corona asuma como Presidente de la República, para que conste en acta y por con­sejos no quede, a continuación diez lec­ciones para gobernar. Un buen presidente debe: 1.- Recordar la máxima de Abraham Lincoln, que citó el profesor Juan Bosch en 1963: “Un presidente no tiene amigos en su administración”. 2.- Tener presente el consejo que el presidente Truman dio al presidente J. F. Kennedy al este asumir su mandato: “Una vez que uno resulta electo, hay que dejar de hacer campaña”. 3.- Poseer la humildad necesaria pa­ra aprender de los clásicos y de la historia “que, si bien no se repite, advierte e ins­pira”, como planteaba recientemente el consultor en comunicación política, Anto­ni Gutiérrez-Rubí. 4.- No debe lograr la gobernabilidad a expensas de la impunidad. Viejo error de presidentes latinoamericanos. Cerrar una persiana no impide que salga el sol. 5.- Debe cultivar un pragmatismo razonable sin caer en el cinismo. “La política es el arte de lo posible”, pe­ro solo después de luchar por lo im­posible”. 6.- Recordar con el prof. Samir Naim, que en el siglo XXI, “el poder es más fá­cil de adquirir, más difícil de utilizar y más fácil de perder”. 7. Tomar en cuenta lo que plantea Dache Keltner en su libro La parado­ja del poder: “las personas se elevan en función de sus buenas cualida­des, pero su comportamiento em­peora cada vez más a medida que as­cienden”. 8. Curar con baños de pueblo, vino Oporto con moderación y reuniones con amigos de toda la vida, la tenta­ción presidencial de padecer el síndro­me de Hubris, cuyo síntoma principal es considerarse imprescindible, y con­fundir la seguridad en sí mismo y el ego sano, con la arrogancia. 9.- No tomar decisiones de Estado (ni personales) cuando esté molesto, y no improvisar los discursos. (Los me­jores discursos jamás fueron improvisa­dos). 10.- Finalmente, aprender de erro­res ajenos y demorados, entendiendo que sin unidad partidaria no hay vic­toria, no habrá buen gobierno y me­nos reelección. Precisamente por esto se recomienda la relectura del Martín Fierro que no quisieron releer los dos PLD, y así les fue: “Los hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera Tengan unión ver­dadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean, los devo­ran los de afuera”’. Con su premiso.

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