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12 de mayo del 2021

Economía

Democracia versus Autoritarismo Pragmático

Andrés Dauhajre Hijo. El 11 de noviembre de 1947, dirigiéndose a los Comunes presentes ese día en la Cámara, Churchill manifiesta que “muchas formas de Gobierno han sido probadas, y serán probadas en este mundo de pecado y desgracia. Nadie pretende que la democracia sea perfecta u omnisciente. En efecto, se ha dicho que la […]




El 11 de noviembre de 1947, dirigiéndose a los Comunes presentes ese día en la Cámara, Churchill manifiesta que “muchas formas de Gobierno han sido probadas, y serán probadas en este mundo de pecado y desgracia. Nadie pretende que la democracia sea perfecta u omnisciente. En efecto, se ha dicho que la democracia es la peor forma de Gobierno a excepción de todas esas otras formas que han sido ensayadas de tiempo en tiempo.” 45 años después, Fukuyama decreta el fin de la historia y el triunfo indiscutible de la democracia liberal como modelo de gobierno hacia donde indefectiblemente se dirigirá la civilización humana.

No había más nada que discutir. Ningún otro sistema de gobierno había dado ejemplos tan contundentes en materia de capacidad para promover la prosperidad nacional y elevar las condiciones de vida de la población. La evidente capacidad del modelo occidental de democracia liberal para generar prosperidad y dignidad, dejó mal parado al modelo fallido que durante décadas promovieron los soviéticos. Como planteó David Runcinman, profesor de política en la Universidad de Cambridge, el pasado 26 de abril en artículo publicado en el Wall Street, “El Reto de China a la Democracia”, todo iba viento en popa hasta que China comenzó a revelar el crecimiento acelerado de su economía y la creciente prosperidad en una población que, previo al inicio de las reformas lideradas por Deng Xiaoping en 1978, exhibía una pobreza que abarcaba al 97.5% de la población rural y que hoy, 40 años después, ronda apenas el 5%. Runcinman plantea que el autoritarismo pragmático chino, con la sorprendente capacidad de promover progreso económico y social, pone en tela de juicio el prematuro fin de la historia y triunfo de la democracia liberal dictaminado por Fukuyama en 1992.

El profesor de Cambridge plantea que el modelo chino, consciente del valor que las personas confieren a la dignidad, oferta la dignidad nacional frente a la individual que garantiza la democracia liberal que Occidente, liderado por Estados Unidos, ha estado recomendando como única alternativa de sistema político a todos los países del mundo, independientemente de la geografía donde se encuentren, el nivel de desarrollo económico, los valores prevalecientes y las tradiciones culturales de sus pueblos.

El autoritarismo pragmático, como modelo político, no sólo exhibe a China como ejemplo de lo que puede lograr, cuando se hace acompañar de políticas económicas cónsonas con las señales de los mercados y las evidentes ventajas comparativas que exhiba una nación. El autoritarismo pragmático que encabezó Lee Kuan Yew en Singapur es, sin lugar a dudar, el ejemplo más contundente de que no sólo la democracia es capaz de generar progreso económico y social en una nación. Pocos países del mundo han logrado multiplicar por 135 su ingreso per-cápita entre 1960 y el 2017. Desde 1959, Singapur ha estado gobernado por el Partido de Acción Popular, fundado por Lee, quien con mano firme expulsó a la facción de izquierda en 1961 e inició de esa manera, el giro a la derecha y a las políticas económicas que han permitido a los singapurenses actualmente tener un ingreso anual promedio de US$61,766, similar a los US$62,152 de los estadounidenses. Apenas el 1.9% de los singapurenses ganan menos de US$1,000 al mes.

El autoritarismo pragmático tiene más ejemplos para mostrar. Taiwán está hoy donde está porque bajo el liderazgo autoritario durante 25 años consecutivos del General Chiang Kai-shek, se instaló una infraestructura de políticas económicas que convirtieron a Taiwán en uno de los miembros más destacados del club de los Tigres del Asia. De un ingreso per-cápita de US$208 en 1953, el año pasado los taiwaneses recibieron en promedio US$24,557. Casi 80% de la población vivía en la pobreza en 1953. Hoy día, apenas el 1.4%.

Pero hay más. Vietnam inició una serie de reformas económicas de mercado a finales de los 80s. Luego de la culminación de la guerra en 1973, la caída de Saigón en 1975, y la reunificación de Vietnam del Norte y del Sur en 1976, el Partido Comunista de Vietnam, empezó a abrazar las políticas que, dos años más tarde, comenzarían a ser descartadas por China bajo el timón de Deng. La devastación producida por la guerra y las absurdas políticas económicas adoptadas, produjeron una prolongada crisis económica hasta que los políticos reformistas del partido, bajo la visión de Nguyen Xuan Phuc, desplazaron a la vieja guardia y comenzaron, en 1987, el lento pero firme camino de transformación desde una economía planificada a una economía socialista de mercado. De un PIB por habitante de 97 dólares en 1989, se pasará este año a US$2,546. La pobreza, que alcanzaba al 90% de la población en 1981, cayó a 5.8% en el 2016. Laos, Cambodia y Myanmar han comenzado a emular a Vietnam, luego de descubrir el gato que caza con más efectividad los ratones. El primero ha multiplicado su PIB per cápita por 4 entre 1986 y 2018, el segundo por 58 y el tercero por 8 en los últimos 20 años.

En el escaparate de los modelos autoritarios, hay casos más cercanos a nosotros. Si usted quiere rasgarse las vestiduras hágalo, pero la realidad es que el autoritarismo pragmático pro-mercado impuesto en Chile luego del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, auspiciado por Estados Unidos, salvó a Chile y lo preparó para convertirlo, en el futuro cercano, en el primer país desarrollado del Continente. Más cerca todavía, aquí, sí, en República Dominicana, bajo el modelo autoritario de Balaguer, no el de Trujillo, la economía dominicana registró niveles acelerados de crecimiento económico, que continuaron luego de su salida del poder en 1996, como consecuencia de las reformas económicas ejecutadas por su administración durante principios de los 90s.

A Estados Unidos debemos agradecerle siempre el haber mantenido una actitud testaruda con Cuba, diferente a la que exhibió con China a partir de mediados de 1971 y con Vietnam a mediados de 1995, luego de haber entregado la vida de 58,220 jóvenes norteamericanos en una guerra inducida por la falta de confianza de los líderes norteamericanos en el monopolio del sistema de economía de mercado para generar prosperidad. Si los líderes norteamericanos hubiesen aceptado y reconocido a Fidel, provisto apoyo económico, y fomentado el libre comercio con la isla en vez de ahogarla con un absurdo embargo, no seríamos hoy el punto más luminoso del Caribe.

Particularmente no creo que el autoritarismo pragmático sea una opción para los países y los pueblos que han aprendido a vivir en democracia. Lo que no parece razonable es la política generalizada de promoción de exportación de la democracia a cualquier geografía del mundo, sin importar el nivel de educación, el ranking de valores y la tradición cultural prevalecientes en cada país. Incluso, hay aspectos del modelo de autoritarismo pragmático que muchas democracias liberales deberían ponderar y asumir.

El mundo queda horrorizado cada vez que decenas de estudiantes en escuelas norteamericanas pierden la vida por un tiroteo de un desalmado. Estas tragedias han costado la vida a 154 jóvenes en los últimos 8 años. Hay aspectos de la democracia estadounidense realmente incomprensibles. Si usted no tiene más de 18 años, no puede comprar una cerveza, pero si tiene 16 años o más puede, en algunos estados de la Unión, comprar un rifle militar automático AR-15. Los modelos autoritarios de China y Singapur, colocan el derecho a la vida por encima del derecho a poseer arma de fuego. Sólo el ejército y la policía tienen armas de fuego. ¿Homicidios por cada 100 mil habitantes? 0.78 en China y 0.25 en Singapur, de los más bajos del mundo.

No parecería insensato copiar de los chinos muchas de sus cosas buenas. No olvidemos que, si fijamos el origen en la Dinastía Xia, China acumula más de 3,600 años de historia, mucho más que los 453 acumulados cuando fijamos el inicio de Estados Unidos en el establecimiento del asentamiento de San Agustín, en Florida, en 1565. Si China copió de Occidente una buena parte del modelo económico, no vamos a desaparecer si asumimos algunas reglas sensatas de su modelo político.

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