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21 de abril del 2021

Opinión

¡Demos gracias a Dios!

Vinicio Castillo Semán. Nuestro pueblo estuvo gravemente expuesto la pasada semana al peligro de una destrucción masiva con el paso del huracán Irma, el más grande que haya registrado la historia de los huracanes en el Caribe y el Atlántico, con ráfagas de vientos que sobrepasaron por momentos a los 300 kilómetros por hora. Bastaba […]




Vinicio Castillo Semán.
Nuestro pueblo estuvo gravemente expuesto la pasada semana al peligro de una destrucción masiva con el paso del huracán Irma, el más grande que haya registrado la historia de los huracanes en el Caribe y el Atlántico, con ráfagas de vientos que sobrepasaron por momentos a los 300 kilómetros por hora. Bastaba una mínima desviación de 200 kilómetros del huracán Irma hacia el sur para que hoy lunes tuviéramos un panorama desolador con incalculables pérdidas humanas y económicas superiores a las devastaciones del ciclón David, el San Zenón y el George. Toda la infraestructura turística del país, columna vertebral de la economía, estuvo en grave peligro; toda la producción agrícola del Cibao y otras regiones pudieron colapsar; toda la infraestructura de vivienda de nuestro pueblo pobre, en campos y ciudades, pudo haberse destruido en horas. Nada de eso ocurrió. Dios estuvo con la República Dominicana y con su pueblo. Debemos de darle gracias a Dios por el milagro de salvarnos de estar en la trayectoria trágica del huracán Irma. En la red de Twitter me mantuve enviando mensajes públicos pidiendo cadenas de oración para que el destructivo fenómeno climatológico no nos destruyera. Recibí críticas en esa red social de personas que se burlan y hacen mofa del poder de las oraciones, y del inmenso poder de Dios para hacer milagros. Producto del chantaje de algunos llamados “liberales y avanzados”, se trata de avergonzar o estigmatizar a los creyentes cuando tienen el valor de plantear públicamente su fe, pidiendo a Dios evitar tragedias, como es el caso.
En esta experiencia pude comprobar que producto de ese chantaje ideológico, hay mucha gente que cree en Dios, en el poder de la oración y de los milagros a favor de personas y naciones que no se atreven a pregonarla públicamente, ni mucho menos solicitarle a su prójimo actos de fe, por temor a ser considerados “ridículos”, “atrasados” o “arcaicos”. Clamar por la ayuda de Dios y darle gracias públicamente, no es la “moda”, no es “in”, en la cultura impuesta por los poderes globalizadores, amplificada por grupúsculos con gran poder mediático, que etiquetan esas conductas de manera peyorativa, como una manera de reprimir a quien desee hacerlo. La verdad, aunque le duela a los “ateos” y algunos autodenominados “liberales” del patio, no creyentes, es que la República ha sido protegida por Dios desde su fundación como nación libre y soberana. Somos la única nación que tiene la cruz blanca y biblia abierta en su bandera y a Dios encabezando su lema. Por considerarlo oportuno en estas reflexiones que comparto con mis queridos lectores, reproduzco a continuación el contenido de nuestro Juramento Trinitario, que revela el vínculo y sentimiento profundos de los fundadores de la República, ligando la suerte de la nueva nación a Dios: “En el nombre de la Santísima, augustísima e indivisible Trinidad de Dios Omnipotente: juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano e implantar una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana; la cual tendrá su pabellón tricolor en cuartos, encarnados y azules, atravesados con una cruz blanca. Mientras tanto seremos reconocidos los Trinitarios con las palabras sacramentales: Dios, Patria y Libertad. Así lo prometo ante Dios y el mundo. Si tal hago, Dios me proteja: y de no, me lo tome en cuenta, y mis consocios me castiguen el perjurio y la traición si los vendo.” Todas las iglesias del país deben organizar un día de acción de gracias nacional para darle gracias a Dios por sacarnos de la ruta trágica del huracán Irma. No nos cansemos de dar esas gracias. Seguiremos necesitando su intervención y su protección ante tantas calamidades y catástrofes que, de manera sorpresiva y de manera coincidente, se están produciendo en las últimas semanas. Seguiremos necesitando la intervención de Dios y su protección

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