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Nadal frente a Thiem, otra vez

Cuando Dominic Thiem incrusta la enésima derecha en el vértice y Novak Djokovic finalmente se inclina por 6-2, 3-6, 7-5, 5-7 y 7-5, Roland Garros rebobina un año.


Domingo, 09 de Junio de 2019

Cuando Dominic Thiem incrusta la enésima derecha en el vértice y Novak Djokovic finalmente se inclina por 6-2, 3-6, 7-5, 5-7 y 7-5, Roland Garros rebobina un año. Será otra vez el austríaco, llamando de nuevo a la puerta de la sucesión, quien esté enfrente de Rafael Nadal este domingo (15.00, DMAX y Eurosport) e intente elevar su primer cetro en París después de varios años presentando su candidatura. Llegará Thiem con un desgaste más que considerable y jugará por cuarto día consecutivo, porque para reducir a Novak Djokovic precisó de dos episodios –la lluvia forzó la suspensión el día anterior– y no pudo ahorrar una sola gota de combustible. Eran casi las cuatro de la tarde, y el reloj se detuvo en 4h 13m.

Volvía en la reanudación a azotar el viento, pero con bastante menos intensidad, y volvía Djokovic a torcer el gesto. Seguía incómodo el número uno, que la tarde anterior había abandonado el complejo con un enfado de mil demonios, teniéndoselas tiesas con la organización a causa del aire, el frío y de todo. Era su tercer día sucesivo jugando, mientras Nadal peloteaba sin estrés en la pista 4 de entrenamiento, informado detalladamente por Francis Roig de cómo iba el pulso en la central. Ahí abajo, rudísima disputa entre el serbio y Thiem el especialista, cada tiro suyo con dinamita. Derecha de hierro el austríaco, piernas de esprinter. Un obstáculo enorme.

Tiró y tiró profundo para ir acorralando a Nole, sobreviviendo este como podía. Obligado a recular y a hacer cambios bruscos de marcha para intentar cazar la ristra de dejadas, trató el balcánico de contrarrestar a la desesperada. Entendió que la mejor vía era irse a la aventura, hacia adelante para recuperar terreno, así que propuso un sinfín de subidas a la red –al final son 71, con un discreto rédito de 35 aciertos– que se volvieron en su contra y derivaron en una sangría. Seleccionaba bien el momento, pero ejecutaba mal la volea. Cosa rara, tratándose de Djokovic.

En esa golosa situación, Thiem desenfundó y lo frio a passings de todos los colores. Se llevó el parcial, inclinó el duelo a su favor y endemonió un poquito más al adversario. A este, por si fuera poco, le sancionó el juez Jaume Campistol con un warning por la demora excesiva en los servicios, y entonces llegó el episodio: Djokovic, tan agarrotado y contrariado como la tarde anterior, liberó por fin al dragón.

– ¿Tú has jugado alguna vez al tenis? ¿Has arbitrado a un nivel máximo? Bien hecho, te has hecho un nombre con esto. A partir de ahora serás famoso…

Espoleado por su propia cólera, por ese autoempujón que tantos y tantos triunfos le ha reportado, el de Belgrado fue enderezándose a la vez que Thiem perdía un punto de efervescencia. En la cuarta manga hubo un intercambio de breaks y Nole decantó con un aguijonazo de los suyos (para 6-5), reforzado con la doble falta del austríaco. Eran las dos de la tarde, y todo volvía a empezar de cero. Cara a cara, por un set.

Lluvia, y otra hora de parón

Parecía que el número uno había invertido la curva anímica y se había subido a la ola buena, pero el adversario no solo mantuvo el tipo sino que contratacó. Zarpazo, 3-1 para Thiem; luego el 4-1; y a continuación, tres opciones de break y Djokovic grogui, tambaleante, al borde del ko. Entonces regresó la lluvia y Nole salvó la primera, la segunda, la tercera. Entonces, 14.20 y parón, de más de una hora. En el vestuario, dos formas absolutamente antagónicas de afrontar una situación límite: el campeón de 15 grandes jugueteando con su técnico y su fisio, con una pelotita, mientras Thiem paseaba nervioso y se miraba las manos con la tentación de mordisquearse las uñas.

Volvieron ambos a la arena. Djokovic sustituyó su camiseta blanca por una roja, y durante un rato cogió buen color. Quebró para 4-3, pero tropezó de inmediato y volvió a enmendar para 5-4. A remolque todo el rato, resistiendo a la tremenda derecha y el revés explosivo de Thiem, sorteó dos bolas de partido y apuntaba a la reedición del clásico con Nadal, pero el destino estaba escrito. Thiem (25 años) jugó mejor ayer y hoy, y mereció una victoria que le conduce directamente al choque con el balear. Con este, una desventaja global de 8-4 en los cruces particulares, aunque esas cuatro victorias llevan rastros de arcilla; la última, este año en las semifinales de Madrid.