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17 de abril del 2021

Política

Descuidos de la política

ORLANDO GIL. orlandogil@claro.net.do.  El coronavirus se conforma con ser coronavirus, y aunque tiene el mundo a sus pies, no se le mete en la ca­beza ser presidente de repú­blica. Enfermedad, enfer­medad. El coronavirus no se molesta porque gobier­no o persona tomen medi­das de precaución, que se cuiden de contraer la pes­te. Sencillamente contagia y cada […]




ORLANDO GIL.
orlandogil@claro.net.do.
 El coronavirus se conforma con ser coronavirus, y aunque tiene el mundo a sus pies, no se le mete en la ca­beza ser presidente de repú­blica. Enfermedad, enfer­medad. El coronavirus no se molesta porque gobier­no o persona tomen medi­das de precaución, que se cuiden de contraer la pes­te. Sencillamente contagia y cada cual lo demás. La política es la política, y mientras haya poder que conquistar o conservar, será aspiración, ambición, sen­sación y desespero. La política pensó en un principio que lo de la pan­demia era un engaño, y engaño del gobierno. En­tonces lo denunció como conspiración oficial, una forma de alterar el proceso y quedarse en el poder. Después recapacitó y guardó cuarentena de ma­nera estricta. Pero como la política es un rayo que no cesa, y el mal venía de Chi­na, vio la crisis con ojos chi­quitos, y en vez de un pro­blema, una oportunidad. Si la gente no va a la po­lítica, la política debe ir a la gente, y salió a las calles a hacerse sentir, y de qué ma­nera: con las manos llenas de cosas necesarias. Jesús predicó lo que co­mo caridad era correcto, pero no como política: que no sepa la mano derecha lo que hace la izquierda. Si se enteran mutuamen­te, o se juntan de golpe, sale aplauso. Que es la situación que se vive en estos días en que la política abandona las plazas y las congregacio­nes, y de manera intensa usa espacios pequeños. La política está en cam­paña porque hay votos que ganar, y los riesgos no im­portan, pues el transfuguis­mo está en sus buenas. Na­die quiere juramentarse mañana, sino hoy, o ahora. Luis Abinader lo hace, Gonzalo Castillo lo hace, y hasta Leonel Fernández lo hace. Todo el que apoya­ba al candidato por deba­jo, ahora quiere respaldarlo públicamente. El coronavirus advierte el peligro de darse las ma­nos, pero la política busca la vuelta y se saluda con los codos. Aunque la precau­ción se descuida, la masca­rilla fastidia, y hay quienes se la quitan para que se es­cuche mejor sus palabras. El discurso no mata, pero la peste acecha.

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