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13 de mayo del 2021

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Día Mundial de la Salud: La depresión puede afectar a todos por igual

Este es el tema central propuesto por la OMS para el Día Mundial de la Salud, que se celebra hoy, como una forma de concienciar sobre el padecimiento . Es una de las enfermedades que más afecta a la población en el mundo. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de […]




Este es el tema central propuesto por la OMS para el Día Mundial de la Salud, que se celebra hoy, como una forma de concienciar sobre el padecimiento .

Es una de las enfermedades que más afecta a la población en el mundo. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de 300 millones de personas padecen de este trastorno, un incremento de más de 18% entre 2005 y 2015. En la región de las Américas, se estima que cerca de 50 millones de personas la sufren, casi un 17% más que en 2005.

El asunto es tan serio que la OMS considera que la depresión debe ser el tema central del Día Mundial de la Salud que se celebra hoy, 7 de abril, para concienciar y hablar sobre esta dolencia que no le da tregua a quien la padece y que les impide vivir vidas saludables.

En este sentido, el objetivo de la campaña, “Depresión: hablemos”, es que más personas con depresión busquen y obtengan ayuda. “Estas nuevas cifras son un llamado de atención a todos los países para que reconsideren sus enfoques sobre la salud mental y la traten con la urgencia que merece”, señala la directora general de la OMS, Margaret Chan en una comunicación electrónica.

Se trata de un trastorno mental que se caracteriza por la presencia persistente de tristeza y una pérdida de interés en actividades que las personas normalmente disfrutan, acompañada de una incapacidad para llevar a cabo las actividades diarias, durante 14 días o más, según lo define la OMS. A lo que se suman otras señales, como pérdida de energía, cambio en el apetito, dormir más o menos; ansiedad y poca concentración; indecisión, inquietud, sentimientos de inutilidad, culpa o desesperanza y pensamientos de automutilación o suicidio.

Una situación de salud mental que se magnifica en las personas de mayor edad. Un grupo poblacional en aumento que, además, está en riesgo de maltrato solapado de los mismos familiares, limitaciones económicas, soledad y vulnerabilidad.

Contradictoriamente, es una etapa de la vida a la que muchos se refieren como la “tercera edad” o la “edad dorada” y que se describe como una época de descanso y de oportunidades para hacer las cosas que se quedaron en el tintero.

Desafortunadamente, no siempre es así. En muchos casos, los trastornos médicos crónicos y debilitantes, la pérdida de amigos y seres queridos, y la incapacidad para participar en actividades que antes disfrutaba, resultan en una carga muy pesada para el bienestar emocional de una persona que está envejeciendo, señala la Asociación Americana de Psicología (APA), en su página web.

La psicóloga clínica y gerontóloga Ada Padró coincide, pero añade otros factores que, a su juicio, inciden en esa soledad que puede llevar a la depresión. Entre ellos, menciona el efecto del nido vacío (cuando los hijos se van); la pérdida de la autonomía personal; disminución de la capacidad de adquirir bienes y servicios; dejar de conducir; el fenómeno de la polifarmacia (uso de muchos medicamentos costosos); soledad psicológica y física; aislamiento autoimpuesto y pensamientos en torno a la muerte que se considera más cercana.

Un panorama social queplantea muchos retos y que debe preocupar. Se trata, de hecho, de una población que pasa por un proceso de muchos cambios y pérdidas que se deben tener en cuenta, añade la doctora en consejería profesional, Monsita Nazario Lugo.

“Su estabilidad emocional es indispensable para que no estén excesivamente vulnerables a situaciones negativas y aquí la familia es insustituible. Y aun cuando, como última alternativa, tengan que llevarlo a un hogar de ancianos, la responsabilidad y el compromiso de amor de los familiares es clave y debe ser consistente para su calidad de vida”, recomienda la consejera Otro aspecto importante, apunta Nazario, es que a esta población se le ha hecho creer que son un estorbo, obstáculos para que los demás puedan hacer sus vidas.

“Se les trata como si el haber llegado a viejos significara que ya no tienen derecho a sentir ni padecer, que son asexuales, no creativos, enfermos, demasiado lentos e incompetentes… Más, sin embargo, en muchas ocasiones son cargados de tareas excesivas en el cuido de los nietos y se les exige como si fueran ellos los responsables de esa crianza. En esos momentos se olvida que son viejos y no se toma en consideración ni su edad ni los cambios que afectan su agilidad para asumir responsabilidades tan fuertes como lo es la crianza”, resalta Nazario.

Panorama preocupante

Según la APA, algunos cambios corporales naturales asociados con el envejecimiento pueden aumentar el riesgo de que una persona experimente depresión. Por ejemplo, indican que estudios recientes sugieren que las bajas concentraciones de folato en la sangre y el sistema nervioso pueden contribuir a la depresión, el deterioro mental y la demencia. También se sospecha que puede existir una relación entre la aparición de la depresión en la vejez y la enfermedad de Alzheimer.

“Independientemente de la causa, la depresión puede tener efectos físicos alarmantes en las personas mayores. El índice de mortalidad de los hombres y mujeres de la tercera edad que tienen depresión y sentimientos de soledad es mayor que el de aquellos que están satisfechos con sus vidas”, resalta APA en su página.

Además, destacan que los sentimientos de desesperanza y aislamiento, que suelen alentar ideas suicidas, son más frecuentes entre las personas mayores, en especial aquellas con discapacidades o que están confinadas a hogares de ancianos.

De la misma forma, la OMS ha identificado fuertes vínculos entre la depresión y otros trastornos y enfermedades no transmisibles. Por ejemplo, destacan que aumenta el riesgo de uso de sustancias y enfermedades como la diabetes y las enfermedades del corazón. Lo contrario también es cierto, lo que significa que las personas con estas dolencias tienen un mayor riesgo de depresión. Además de que también es un factor de riesgo importante para el suicidio, que reclama cientos de miles de vidas cada año.

Muchos de estos ancianos llegan a las oficinas médicas con “múltiples quejas físicas y emocionales”, afirma el psiquiatra José Omar González, director de Medical Psychiatric Center (www.medpsychpr.org) y autor del libro Asesinos del cerebro.

“Muchos no tienen el apoyo de sus hijos y uno de los problemas más terribles es la soledad que pasan, con momentos de monotonía extrema”, explica el psiquiatra, tras destacar que sienten que no pudieron cumplir con unas metas trazadas.

“Es una etapa en la que empiezan a analizar lo que pudieron hacer y no lograron, eso les causa mucha frustración. Piensan que ya no son importantes, que son una carga y pierden la capacidad de disfrutar de actividades que antes les gustaba”, expone el doctor González. Además, resalta que la depresión en estos casos “cursa con una constelación de otros síntomas”. Entre ellos, menciona la pérdida de la capacidad de disfrutar, baja autoestima, además de ideas de muerte, lo que los pone en riesgo de suicidio.

“Necesitan ayuda de inmediato, tanto de tratamiento psicoterapéutico como farmacológico. El cerebro tiene 100 millones de neuronas que se comunican a través de neurotransmisores que se desbalancean cuando hay depresión. Pero los medicamentos antidepresivos, los ejercicios y la lectura, entre otras actividades, propician el nacimiento de nueva neuronas”, afirma el psiquiatra mientras recomienda que el reconocimiento, el diagnóstico y el tratamiento temprano pueden contrarrestar y prevenir las consecuencias emocionales y físicas de la depresión.

De ahí la importancia de buscar ayuda y tratamiento en caso de sospechar de depresión, tanto personal como de un familiar. De la misma forma, el doctor González recomienda buscar opciones de entretenimiento o actividades para que los ancianos de la familia puedan tener momentos de compartir y no estén aislados. “Hay centros a los que pueden acudir durante varias horas del día y eso ayuda mucho a evitar la monotonía y el aislamiento”, sugiere el especialista, entre otras formas de estar presentes en diario vivir de los mayores de la familia.

El psiquiatra también recomienda hablar con la persona y preguntarle directamente si está deprimido y si ha pensado en la muerte como una opción. “La mera duda hay que tomarla en serio. Toda idea suicida se debe evaluar de inmediato y se debe llevar a la persona a una institución hospitalaria. No se puede tomar como una broma o ‘changuería’. La persona que habla de la posibilidad de suicidarse hay que tomarla en serio, creerle y tener precaución ante las señales, no se debe descartar”, recomienda el doctor González.

Por otra parte, el psiquiatra resalta la importancia de seguir hablando sobre el tema de la depresión -como propone la OMS-, y educar para que la gente busque ayuda a tiempo, porque es posible salir de la depresión. “Hablar del tema es lo que hace que la gente busque ayuda. Hoy día, más personas la buscan porque han entendido que se trata de una enfermedad que, al igual que la diabetes o cualquier otra enfermedad si se trata, tiene cura”.

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