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10 de mayo del 2021

Opinión

Director PN

Luis Encarnación Pimentel. En una institución con viejas mañas y malas prácticas como la Policía Nacional, que es producto de la descomposición que experimenta la sociedad en los distintos sectores y órdenes, no se puede esperar que haya un cambio de ciento ochenta grados de la noche a la mañana solo con la llegada de […]




Luis Encarnación Pimentel.
En una institución con viejas mañas y malas prácticas como la Policía Nacional, que es producto de la descomposición que experimenta la sociedad en los distintos sectores y órdenes, no se puede esperar que haya un cambio de ciento ochenta grados de la noche a la mañana solo con la llegada de un nuevo titular. Sin embargo, en países donde el fortalecimiento institucional hay que seguirlo trabajando, como en el nuestro, el buen desempeño y el éxito de cualquier órgano público dependen, en mucho, de quien lo dirija y del equipo que le acompañe. En el caso de la Policía, con un problema grande de imagen por resolver, las expectativas de la gente no son muchas con el anuncio simple de la designación de un nuevo titular. Pero como la esperanza no se puede perder y lo que no anda bien llega hasta un punto, hay que confiar en la buena intención, en la mejor disposición y en las habilidades del que llega, para que las cosas tomen un giro diferente y se logre levantar la institución de vigilancia, protección, seguridad y servicios ciudadanos múltiples que la sociedad necesita y merece. Del recién estrenado director Ney Aldrin Bautista, de entrada, se tiene la mejor impresión. No solo de relaciones públicas se vive y se tiene éxito, pero frente a los problemas de imagen y lo complejo del cargo, hay que comenzar por ahí -y contar con eso-, para conseguir el respaldo de la sociedad y que los intereses cruzados, internos y externos, no lo “arropen” en poco tiempo. El director policial, con sus visitas y acercamiento con todos los sectores sociales ha arrancado con buen pie. Y ni hablar del programa -creo que por primera vez- de recibir personalmente a los policías de la base, a los sin rango y sin padrinos, que más que una acción populista, es humana, realista, y que le servirá de vía directa para conocer realidades que de otra forma quizá no lleguen a su conocimiento. Es buena idea, como aquello de que: “Yo no puedo decir que no se dónde están mis hombres (¿), lo que tengo que decir es cómo los voy a rescatar”. Con Ney Aldrin nos “topamos” siendo coronel, encargado de Recuperación de Vehículos, en ocasión del despojo de una camioneta a un pariente. Se empleó a fondo: a la semana nos dijo “tengo unos datos de San Francisco que coinciden con su vehículo”... una semana después, resuelto. ¡Éxito, general!

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