01 de diciembre del 2021

Política

Doña Milagros

Por: Claudio Acosta. Mucho tardó el tema de la reelección del presidente Luis Abinader en saltar a la opinión pública, pues nunca falta alguien que quiere hacerse el gracioso o la graciosa, como en este caso, con el Presidente de turno, convencido de que su impertinencia puede ser afrentosa o imprudente pero nunca desagradable a […]




Por: Claudio Acosta.

Mucho tardó el tema de la reelección del presidente Luis Abinader en saltar a la opinión pública, pues nunca falta alguien que quiere hacerse el gracioso o la graciosa, como en este caso, con el Presidente de turno, convencido de que su impertinencia puede ser afrentosa o imprudente pero nunca desagradable a los oídos del interesado, que en el fondo, y a veces ni siquiera tanto, la agradece y hasta premia.

Por lo pronto la impertinencia fue rechazada por dos senadores del oficialista PRM, que coincidieron en opinar que es muy temprano para hablar de reelección presidencial; pero lo que me interesa resaltar es que también coincidan en considerar que hasta tanto el presidente Abinader no haya colocado en el tren gubernamental a los militantes y dirigentes del PRM no puede hablarse ni tocarse el tema.

Las inferencias que pueden hacerse de esa coincidencia son muchas, y no solo políticas, pero quiero llamar la atención sobre el convencimiento que muestran ambos legisladores de que esos “compañeros” tienen derecho a un cargo público porque trabajaron para llevarlos al poder.

Y si a eso usted le agrega las desafortunadas declaraciones de la gobernadora de Montecristi de que pronto los perremeístas sin empleo estarán disfrutando del “manjar del poder”, comprenderá mejor porqué el discurso del presidente Abinader de que el Gobierno no es un botín de guerra está divorciado de nuestra realidad política.

En otra columna escribí, y vuelvo a reiterarlo, que al presidente Abinader sus funcionarios y colaboradores, y hasta su propio partido, lo están dejando solo con ese discurso, con la honrosa excepción de doña Milagros Ortiz Bosch, directora de Ética e Integridad, que lo defiende a capa y espada.

Y lo hace con una convicción y una energía que viejos y jóvenes, perremeístas y no perremeístas, políticos y no políticos, deberían tomarla de ejemplo y fuente de inspiración para tratar de cambiar tantas cosas que andan mal en este país.

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