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12 de abril del 2021

Opinión

Duarte, hombre de teoría y acción

Juan Daniel Balcácer. Hay quienes creen que Juan Pablo Duarte fue un simple soñador e idealista que solo concibió un proyecto político para independizar al pueblo dominicano, pero que en el plano de la praxis no estuvo a la altura de otros paladines independentistas. Yerran quienes así piensan pues hay evidencias suficientes en el sentido […]




Juan Daniel Balcácer.
Hay quienes creen que Juan Pablo Duarte fue un simple soñador e idealista que solo concibió un proyecto político para independizar al pueblo dominicano, pero que en el plano de la praxis no estuvo a la altura de otros paladines independentistas. Yerran quienes así piensan pues hay evidencias suficientes en el sentido de que el patricio fue a un tiempo hombre de teoría y de eficaz praxis política. La consistencia y coherencia de su doctrina política es sencillamente admirable. Inició su trayectoria revolucionaria propugnando por la independencia pura y simple del pueblo dominicano, principio del que jamás abjuró, ni siquiera en medio del cruel exilio que padeció durante poco más de seis lustros. (Pocas personas reparan en el hecho de que Juan Pablo Duarte vivió casi la mitad de su vida condenado a injusto ostracismo; adversa circunstancia que en modo alguno socavó su firme convicción democrática, nacionalista y antiimperialista, la más avanzada de su época.) Para garantizar la supervicencia del Estado dominicano, Duarte no tuvo excepciones ni preferencias políticas: se opuso de manera militante al yugo haitiano, al tiempo que rechazó la injerencia tanto de Francia, Inglaterra y España en los asuntos internos de los dominicanos. Un nuevo imperialismo en el Caribe. Hacia 1865, cuando ya era evidente el declive de España en Santo Domingo, en el ámbito político se rumoreó que en la región del Caribe los Estados Unidos se disponían a aplicar la Doctrina Monroe (fundamento teórico de la expansión territorial norteamericana con fines de establecer nuevos esquemas de “dominación sin hegemonía”), advirtiendo a las potencias europeas no inmiscuirse en los asuntos domésticos de la región. Paralelamente, algunos ideólogos del emergente nuevo imperio gestionaban con un grupo de entreguistas nativos el arrendamiento de la Bahía de Samaná o la incorporación del país a la Unión Norteamericana, por lo que fue en esas circunstancias que Duarte, en carta del 7 de marzo de 1865, dirigida a Teodoro Heneken, entonces ministro de Relaciones Exteriores del gobierno restaurador, afirmó enérgicamente que siempre se opondría a la anexión de la República Dominicana no sólo a los Estados Unidos, sino a cualquier otra potencia de la tierra. A continuación transcribo parte esencial de esa carta: “... En Santo Domingo no hay más que un pueblo que desea ser y se ha proclamado independiente de toda potencia extranjera, y una fracción miserable que siempre se ha pronunciado contra esta ley, contra el querer del pueblo dominicano, logrando siempre por medio de sus intrigas y sórdidos manejos adueñarse de la situación y hacer aparecer al pueblo dominicano de un modo distinto de como es en realidad; esa fracción o mejor diremos esa facción ha sido, es y será siempre todo menos dominicana; así se la ve en nuestra historia, representante de todas nuestras revoluciones: y si no, véase ministeriales en tiempos de Boyer, y luego rivieristas, y aún no había sido el 27 de Febrero cuando se le vio proteccionistas franceses, y más tarde anexionistas americanos y después españoles y hoy mismo ya pretenden ponerse al abrigo de la vindicta pública con otra nueva anexión, mintiendo así a todas las naciones la fe política que no tienen, y esto ¡en nombre de la Patria! Ellos no tienen ni merecen otra patria sino el fango de su miserable abyección. Ahora bien, si me pronuncié dominicano independiente, desde el 16 de julio de 1838, cuando los nombres de Patria, Libertad y Honor Nacional se hallaban proscritos como palabras infames, y por el merecí (en el año 43) ser perseguido a muerte por esa facción entonces haitiana y por Riviere que la protegía, y a quien engañaron; si después del año 44 me pronuncié contra el protectorado francés decidido por esos facciosos y cesión a esta Potencia de la Península de Samaná, mereciendo por ello todos los males que sobre mí han llovido; si después de veinte años de ausencia he vuelto espontáneamente a mi Patria a protestar con las armas en las manos contra la anexión a España llevada a cabo a despecho del voto nacional por la superchería de ese bando traidor y parricida, no es de esperarse que yo deje de protestar (y conmigo todo buen dominicano) cual protesto y protestaré siempre, no digo tan sólo contra la anexión de mi Patria a los Estados Unidos, sino a cualquiera otra potencia de la tierra, y al mismo tiempo contra cualquier tratado que tienda a menoscabar en lo más mínimo nuestra Independencia Nacional y cercenar nuestro territorio o cualquiera de los derechos del Pueblo Dominicano”. “Otrosí y concluyo: visto el sesgo que por una parte toma la política francoespañola y por otra la angloamericana y la importancia que en sí posee nuestra isla para el desarrollo de los planes ulteriores de todas Cuatro Potencias, no deberemos extrañar que un día se vean en ella peleando por lo que no es suyo. Entonces podrá haber necios que por imprevisión o cobardía, ambición o perversidad correrán a ocultar su ignominia a la sombra de esta o aquella extraña bandera o como llegado el caso no habrá un solo dominicano, que pueda decir yo soy neutral si no que tendrá cada uno que pronunciarse contra o por la Patria, es bien que yo os diga desde ahora, (más que sea repitiéndome)  que por desesperada que sea la causa de mi Patria será la causa del honor y que siempre estaré dispuesto a honrar su enseña con mi sangre”.

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