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19 de abril del 2021

Mundiales

EE.UU.: Trump relega las violaciones de derechos humanos en su reunión con el presidente de Egipto

La Casa Blanca recibe la primera visita de un mandatario egipcio desde 2011. Los derechos humanos no son la prioridad de Donald Trump. Poco importan las cárceles repletas de opositores, las denuncias de torturas y la supresión de libertades civiles, el presidente de Estados Unidos recibirá hoy con los brazos abiertos a su homólogo egipcio, […]




La Casa Blanca recibe la primera visita de un mandatario egipcio desde 2011. Los derechos humanos no son la prioridad de Donald Trump. Poco importan las cárceles repletas de opositores, las denuncias de torturas y la supresión de libertades civiles, el presidente de Estados Unidos recibirá hoy con los brazos abiertos a su homólogo egipcio, Abdelfatá Al Sisi, en un intento de reactivar una relación bilateral caracterizada en los últimos años por la desconfianza.
El mariscal Al Sisi logrará una victoria con solo entrar en la Casa Blanca. Desde la revolución de 2011 ningún mandatario egipcio había viajado oficialmente a Estados Unidos. La Administración de Barack Obama lo había evitado cuidadosamente. Ante la inestabilidad zonal, Washington cultivó la distancia. Y cuando Al Sisi derrocó en julio de 2013 con un golpe de Estado al líder de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi, optó por alejarse aún más: limitó a 1.300 millones de dólares la asistencia militar y denegó la venta de armamento de gran alcance. Parte de las restricciones fueron levantadas en 2015, pero la lejanía subsistió. El general, un hombre taciturno y con un amor ilimitado por los fastos, ha desencadenado una feroz represión contra los Hermanos Musulmanes. El propio Departamento de Estado ha denunciado la desaparición de disidentes y la escalada de torturas y asesinatos políticos. Bajo el mando de Al Sisi, Egipto con 130 millones de habitantes, vive días oscuros. En su ataque al islamismo radical, el régimen ha ido mucho más allá de la persecución a los Hermanos Musulmanes y ha puesto contra las cuerdas las libertades civiles. Todo ello desaparecerá hoy de la agenda. Como ya advirtieron en una reunión preparatoria asesores de la Casa Blanca, Trump prefiere no ventilar estos asuntos públicamente, sino llevarlos a un “plano más discreto”. Retiradas las espinas, en la mesa de negociación quedarán los tres aspectos que más interesan al presidente de Estados Unidos: el terrorismo, la creación de un escudo anti-iraní en Oriente Próximo y la compra-venta de armas. Ambos presidentes tienen en el punto de mira al ISIS y Al Qaeda. En una zona de extrema volatilidad, los avances conjuntos en este terreno son estratégicos para Estados Unidos. Al Sisi está dispuesto a ofrecer su ayuda, pero también tiene una petición radical: quiere que Washington declare organización terrorista a los Hermanos Musulmanes y los equipare a Al Qaeda. La Administración estadounidense es reticente. La propia CIA ha desaconsejado la medida por miedo a que suponga un viaje sin retorno que embarque al movimiento islamista en la violencia extrema. Otro punto fundamental para Trump es la coronación de su plan para Oriente Próximo. El presidente impulsa un esfuerzo diplomático, con apoyo de Israel, para que países de mayoría suní como Egipto, Arabia Saudí o Jordania se sumen a un frente anti-iraní. Con este objetivo, tanto el multimillonario como su yerno y asesor, Jared Kushner, han desplegado en los últimos meses intensos contactos con los mandatarios árabes. La respuesta de Al Sisi, según la Casa Blanca, ha sido buena. Deseoso de lograr legitimidad exterior y recuperar el terreno perdido con Obama, el líder egipcio busca reencauzar la relación bilateral y abrir las puertas a uno de sus más ardientes deseos: la compra de armamento pesado (cazas F-16 y tanques M1A1) destinados en principio a combatir al ISIS en la península del Sinaí. Trump es un firme partidario de incrementar la producción militar y reactivar las ventas. Pero no ignora que la oferta es venenosa. Numerosos expertos niegan que con este armamento vaya a mejorar la lucha contra el ISIS y, por el contrario, alertan del desequilibrio que puede acarrear un rearme egipcio.

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