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19 de abril del 2021

Opinión

Efecto de la marcha

Orlando Gil. orlandogil@claro.net.do/@orlandogildice. UN BUEN FOTÓGRAFO.– Comentaba con un amigo que a La Marcha del pasado domingo le faltó un buen fotógrafo. Un artista del lente que se encaramara en la azotea de un edificio alto y lograra una instantánea en la que se pudiera apreciar la dimensión de la protesta. Digo la protesta en […]




Orlando Gil.
orlandogil@claro.net.do/@orlandogildice.
UN BUEN FOTÓGRAFO.- Comentaba con un amigo que a La Marcha del pasado domingo le faltó un buen fotógrafo. Un artista del lente que se encaramara en la azotea de un edificio alto y lograra una instantánea en la que se pudiera apreciar la dimensión de la protesta. Digo la protesta en movimiento, pues contenida en el parque Independencia fue reducida a sus límites. Nadie que no sea un ocioso puede negar el carácter multitudinario, y no debe hablarse de número o de cantidad, pues el efecto vale más que la demostración. Los políticos que amenazaron, se recogieron, y la actividad mantuvo su naturaleza de lucha contra la impunidad. Habría que averiguar qué sucedió, pues en los días previos se hablaba de bajar línea y de asistencia obligada, y excepto uno que otro dirigente que gustan de la farándula, los políticos brillaron por su ausencia. Mejor que fuera social y no política, y los primeros que tenían que darse cuenta de esa conveniencia eran los partidos. La oposición política, ni antes, ni durante, ni después de las elecciones, da pie con bola. Justo era que permitiera al movimiento social su oportunidad… MOVIMIENTO SOCIAL.- Cuando se analiza la naturaleza del movimiento social en otros países, se tiene que éste se expresa o al margen de los partidos o en contra de éstos, como puede comprobarse en España. Por ejemplo. Los ocupantes de Wall Street no discutieron nunca si eran demócratas o republicanos. Mejor se consideraron antisistema, y de sus jornadas surgieron núcleos que influyeron en las opciones de los partidos como Bernie Sanders en el Demócrata, y quién sabe si Donald Trump fue un subproducto o deshilacha de esa insurgencia social. Aquí, en un tiempo, el movimiento popular fue fuerte, y la calle era un elemento importante, y eso ya no existe por culpa de los partidos que hicieron de la táctica una estrategia. Lo usaron al máximo y como arma, cuando no daba más que para contagio. Ahora que el movimiento social, que no necesariamente popular, asoma, lo inteligente es dejarlo ser, como la canción Let It Be, de los Beatles. No hay que dar muchas vueltas, no hay que romperse la cabeza. Solo comparar la marcha del domingo hacia el parque Independencia con la que hicieron los partidos de oposición a la Cancillería… ÁNIMO DE DEMOCRACIA.- El Gobierno sabía lo que había y lo que venía, pues tanta decencia confunde. La Policía Nacional se puso a disposición de los convocantes, el principal organismo de inteligencia pidió facilidades y el ministro de Interior no hizo advertencia ni denuncia, y la Guardia no fue tirada a las calles. Y no solo Joaquín Balaguer en sus doce años, y poco en los diez años, sino que igual el PRD en el poder, en sus tres períodos. Cuando se anunciaba una movilización, el ánimo era de guerra y la población se preparaba como si fueran las finales del mundo. De manera que queda claro el balance. La impunidad avanza como un cáncer, y la corrupción es una enfermedad terminal, pero la democracia es innegable, por lo menos en los aspectos formales. En caminar por las calles libremente y en hablar en los parques sin censura ni control. Y de ser así, el bien último permitirá superar el mal primero. Vendrán las réplicas, y ojalá que no sean forzadas…
CON UN AHOGADO.- No quiero expresar más contento del debido, pero fue evidente que la Guardia no se acuarteló ni el Palacio Nacional se mantuvo en expectativa. La Marcha hizo su camino hacia el parque Independencia casi al tiempo que el presidente Danilo Medina salía a su visita sorpresa correspondiente al domingo. Ni uno ni otro se dieron la cara, pero cada cual –La Marcha y el Ejecutivo– llevó a cabo su tarea. Mejor todavía. El ministro Administrativo reaccionó con un poema propio de serenata: “Cuando el pueblo habla, el Gobierno escucha”, y cuando escribió ese tuit tenía al jefe del Estado a su lado. Como si Danilo Medina y no José Ramón Peralta lo hubiera escrito, o en el caso, suscrito. Repito: el Gobierno sabía lo que había y lo que venía, y aunque parezca extraño, lo sucedido podría servir a fines oficiales. Si el Presidente decide poner su grano de arena, y hacer lo que nunca se ha hecho, el éxito de La Marcha podría ser la excusa perfecta. Conviene tirar un pato al agua, y será mejor ajeno que propio, y podrá alegarse presión popular. Con un ahogado, y por mucho que patalee, la gente se calma, aunque no se conforme…

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