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23 de abril del 2021

Opinión

El autor de la Manifestación del 16 de enero

Juan Daniel Balcácer. Cuando un manifiesto político es suscrito por varias personas, independientemente de que el mismo haya sido producido por un solo autor o por una comisión redactora, dicho texto deviene en documento de carácter colectivo. Así sucedió con la Manifestación del 16 de enero de 1844, considerada nuestra Acta de Independencia, aun cuando […]




Juan Daniel Balcácer.
Cuando un manifiesto político es suscrito por varias personas, independientemente de que el mismo haya sido producido por un solo autor o por una comisión redactora, dicho texto deviene en documento de carácter colectivo. Así sucedió con la Manifestación del 16 de enero de 1844, considerada nuestra Acta de Independencia, aun cuando este último vocablo no figura en el texto, toda vez que su principal autor, que lo fue Tomás Bobadilla, prefirió emplear el término “separación”, que fue la divisa del sector conservador. Entre historiadores duartianos hay consenso en el sentido de que, si la Manifestación hubiese sido un texto de factura trinitaria, en lugar de “separación”, la palabra independencia habría predominado a lo largo del texto. Sobre este particular, resultan interesantes las consideraciones de Wenceslao Vega en la página 205 de su libro “Los documentos básicos de la historia dominicana”. ¿Quién lo escribió? La primera firma que aparece en el Manifiesto es la de Tomás Bobadilla, seguida por las de Ramón M. Mella, Francisco del Rosario Sánchez, y la de numerosos patriotas. Del célebre texto se hicieron varias copias que circularon en los pueblos del norte, del sur y del este en procura de obtener las firmas de los principales comprometidos con el movimiento revolucionario. Al cabo de muchos años de proclamada la República, se suscitó un debate en torno a quién había sido el autor intelectual de la Manifestación, y hubo quienes sostuvieron que dicho texto pudo haber sido escrito por el prócer Francisco R. Sánchez. Es probable que dentro del núcleo trinitario que permaneció al frente de los asuntos revolucionarios (después del primer exilio de Duarte, Pérez y Pina en agosto de 1843), hubiera quienes aportaron ideas para la redacción de esa proclama, especialmente los jóvenes Mella y Sánchez (entonces de 28 y 27 años de edad, respectivamente); pero resulta evidente que por su riqueza conceptual, política, jurídica e histórica ese documento fue fruto de una mente de mucho mayor madurez intelectual. Hacia 1844, uno de los más experimentados funcionarios y hombre de vastos conocimientos era precisamente Tomás Bobadilla, a la sazón con 59 años de edad, y quien, según Rodríguez Demorizi, se complacía en aseverar que la Manifestación del 16 de enero había sido obra suya. Habla Bobadilla. Para 1847 se había originado una crisis política y económica que amenazaba la estabilidad de la administración del general Pedro Santana. En el seno del sector conservador se agravaron las contradicciones políticas, especialmente entre Santana y Bobadilla. Este último, que ya no era ministro pero sí miembro del Congreso, se había distanciado políticamente del general Santana, y cuestionó acremente el desempeño de Ricardo Miura al frente del ministerio de Hacienda. Santana reaccionó molesto y amenazó con renunciar a la presidencia si no cesaban los obstáculos que, a su entender, encontraba su administración debido a la oposición del Congreso bajo la influencia de Bobadilla. Un grupo de oficiales del ejército, incluso, firmó una petición solicitando la destitución de Bobadilla y su expulsión inmediata del país. En medio de ese escándalo tuvo lugar una sesión en el Congreso, en la que, tras defender su trayectoria pública, Tomás Bobadilla se expresó en estos términos: “Creo, Señores, que ninguno puede ser mejor Dominicano que yo. Yo fui el primero que dije: Dios, Patria y Libertad; yo fui el autor del manifiesto del 16 de Enero; yo en la noche del 27 de Febrero me encontraba a la cabeza del pueblo; yo fui el Presidente de la Junta Gubernativa más de tres meses, el que dirigió los negocios públicos, uno de los fundadores de la Patria sin ninguna ambición ni ningún interés personal, ni otro deseo que el bien del Público, y el de sacudir el yugo degradante de los Haytianos; yo no seré otra cosa siempre más que un buen Dominicano sin ambición ni aspiraciones a empleos ni a dignidades, pues si hoy me encuentro en el Congreso no ha sido porque lo he solicitado, sino por la voluntad unánime de mis comitentes, y porque pudiendo ser útil creí que no debía rehusarlo”. (Cf. Emilio Rodríguez Demorizi, “Discursos de Bobadilla”, 1938). Es de justicia consignar que, ni entonces ni después, ninguno de los coetáneos del “ilustrado y sagaz hijo de Neiba”, contradijo su versión. A los interesados en este tema recomiendo el artículo del historiador Vetilio Alfau Durán titulado “Lamentablemente fue Bobadilla”, inserto en el libro “Por la verdad histórica. VAD en la revista ¡Ahora!”, ediciones del AGN, 2015.

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