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11 de abril del 2021

Opinión

El cambio global

Desde el diluvio universal, recogido no solo en la Biblia cristiana sino en la mayoría de las culturas ancestrales, el hombre no se había visto frente a un problema tan grande, al mismo tiempo, en toda la tierra sin excepción. Las grandes guerras que se registran y los conflictos de baja intensidad han afectado parciamente […]




Desde el diluvio universal, recogido no solo en la Biblia cristiana sino en la mayoría de las culturas ancestrales, el hombre no se había visto frente a un problema tan grande, al mismo tiempo, en toda la tierra sin excepción. Las grandes guerras que se registran y los conflictos de baja intensidad han afectado parciamente zonas de la tierra, no de manera total.
El manejo de la historia ha convertido en una verdad que hubo una primera guerra mundial de 1914 al 1918 y que hubo una segunda guerra mundial de 1939 a 1945. Lo cierto es que no hubo tales guerras mundiales en el siglo XX. Hubo conflictos muy grandes, graves, que involucraron a la mayoría de los países más poderosos militarmente, con mayor desarrollo económico y con ejércitos más numerosos, con un poder de fuego que nadie imaginaba. Es cierto que, de uno y otro modo, la mayoría de los países estuvieron involucrados directa o indirectamente en ambos conflictos internacionales, pero no todos fueron arrastrados, ni se dejaron arrastrar, a participar de manera activa, con tropas y pertrechos en esas guerras. Estados Unidos, por ejemplo, so pretexto de ser un país aislacionista, aunque estaba involucrado mediante la venta de avituallamiento para las tropas beligerantes de los llamados países aliados, esperó el tiempo preciso para participar en ambas guerras, cuando la fruta se maduraba y el ingreso de tropas frescas y un formidable ejército de aire, naval y tierra, le permitió imponer su paz y facilitó el fin de ambos conflictos. En la historia de la humanidad no se recuerda ninguna amenaza tan grave, cierta e insoslayable, como el coronavirus que padecemos actualmente. Por una lamentable práctica inveterada,ponemos el candado luego de que sufrimos un robo importante. Nadie sabe cuántas veces, es imposible contarlas se vaticinó que, como iba la cosa, como tratamos la naturaleza, el medio ambiente, tendríamos que pagar un costo muy alto por las profundas heridas que le causamos, constantemente, a la tierra. De manera consciente atropellamos, destrozamos, desolamos, rompemos, desaparecemos, desequilibramos lo que la naturaleza ha puesto a nuestra disposición y tenemos la inteligencia, la experiencia y el conocimiento para mejorar, pero ni siquiera hay un paliativo. Se dedica todo el dinero, y algo más, a la búsqueda de desarrollar nuevas técnicas, nuevos equipos que permitan inscribir patentes que permitan crear fortunas miliunochescas, pero no hemos sido capaces de resolver problemas tan graves como el cáncer, la cura de la diabetes, de las enfermedades del corazón u el desorden de la presión arterial. En la era de la bomba de hidrógeno nadie pudo prever que un virus invisible pondría de rodillas a la humanidad. En lo adelante, el cambio de conducta frente a la nueva realidad va a ser tan grande que ojalá que lo asimilemos bien. Por: Bonaparte Gautreaux Piñeyro

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