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15 de mayo del 2021

Opinión

El caso de Wellington

Por Elías Brache. Escribir en un medio de comunicación es una responsabilidad. Y esa responsabilidad es doble, la de escribir algo que motive el debate o aporte, y también que no arruine el prestigio o la percepción que hay sobre el medio mismo. Estas líneas son entonces, un intento de motivar reflexiones que no estén […]




Por Elías Brache.

Escribir en un medio de comunicación es una responsabilidad.

Y esa responsabilidad es doble, la de escribir algo que motive el debate o aporte, y también que no arruine el prestigio o la percepción que hay sobre el medio mismo.

Estas líneas son entonces, un intento de motivar reflexiones que no estén entintadas por la pasión, pero tampoco por la conveniencia personal o el interés partidario.

Estos son los hechos:

El pasado viernes, la Cámara de Diputados modificó el Art.7 de la ley 5994 del 1 de diciembre de 1962 (de hace 58 años) a los fines de que Wellington Arnaud pueda ocupar la posición de director ejecutivo del Instituto de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA).

Debido a que esa aprobación fue realizada de manera expedita, se ha entendido que estamos frente a un traje a la medida a favor del nuevo incumbente, y como reflejo de una mayoría aplastante que funcionara como sello gomígrafo en el Congreso, o en pocas palabras, más de lo mismo.

Aquí hago una pausa, y les pido a mis lectores que en lo adelante lean sin opiniones preconcebidas, ya volveremos al rol del congreso en esta modificación.

Analicemos a Wellington:

¿Que busca un empleador cuando contrata a un empleado?

El consenso general resalta entre otras, estas cualidades: la imagen, las habilidades sociales y comunicativas, la capacidad para tomar decisiones, el trabajo en equipo, el liderazgo y la capacidad de adaptación.

Por otro lado, de manera técnico-profesional el proceso de selección del personal idóneo para una posición conlleva varios escalafones, de menor a mayor, el elegido debe tener capacidad, habilidad y competencia.

Definamos llanamente esas virtudes:

Capacidad: Es la viabilidad existente en la persona para aprender, su potencial.

Habilidad:  Para decirlo simplemente, es poder percibir que la persona ejecutará, resolverá.

Competencia: Es ya la persona especializada, quizás con maestrías y doctorados.

¿Acaso no califica Wellington de acuerdo a los criterios anteriormente expresados?

Podríamos argumentar sobre la última, la competencia, y es que estamos frente a una situación única, pues nadie que haya yo escuchado posee la experiencia o “know how” en dirigir en un nuevo modelo de gestión basado en alianzas público privadas, por cierto, para quien les escribe es prometedor ver que Sigmund Freund es quien estará al frente de esta nueva modalidad conocida en inglés como “Public Private Partnership”.

Wellington, al igual que cualquier otro involucrado estará aprendiendo algo nuevo, y que bueno que es alguien joven, comprometido, con experiencia en el manejo de la cosa publica y no olvidar algo importante, de confianza del nuevo presidente Luis Abinader.

Amigos, no es un favor que se le ha hecho a Wellington que por demás tiene las herramientas para hacerlo bien, es una decisión legalmente sustentada para transformar el accionar de una institución.

Y aquí volvemos al rol del congreso.

El congreso siempre y cuando este facilitando la instauración de un nuevo modelo de gestión, no está actuando con mayoría mecánica, por el contrario, está facilitando las acciones necesarias para hacer las adecuaciones que requerirá una “nueva INAPA”.

Estoy convencido de que las reacciones iniciales que este reordenamiento ha generado, están sustentadas en el trauma ocasionado por gestiones anteriores, que frustraron todo deseo de vivir bajo la dirección de autoridades que respetaran las normas y los procedimientos.

Preparar una institución para el porvenir no debe generar indignación, es tan solo una señal de muchas que vendrán, que podrán de entrada parecer incoherentes, pero que están motivadas en adecuar nuestro sector público, y borrar de una vez la percepción de “ubre bovina” que esta enquistada en las mentes de muchos.

No nos adelantemos a juzgar y dispongamonos a colaborar.

Eso es lo que creo del caso de Wellington.

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