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15 de abril del 2021

Opinión

El deber de no deber

Por : SERGIO FORCADELL. Un amigo me decía hace muchos años que en este país, vender es fácil, que aquí se vende de todo, desde tenis sin suelas, loros mudos, y hasta submarinos que no se sumergen, que lo verdaderamente difícil es cobrar, hacer que la  gente pague el chocolate que debe como en la canción aquella del Bodeguero que popularizó el famoso Nat […]




Un amigo me decía hace muchos años que en este país, vender es fácil, que aquí se vende de todo, desde tenis sin suelas, loros mudos, y hasta submarinos que no se sumergen, que lo verdaderamente difícil es cobrar, hacer que la  gente pague el chocolate que debe como en la canción aquella del Bodeguero que popularizó el famoso Nat "King" Cole. Y es que el deber dinero no es solo una costumbre muy extendida entre todas las clases sociales de nuestro suelo, los Todotengo, los Algotengo, y los Nadatengo, sino que ya es una de las grandes virtudes nacionales. Unos deben por alguna escasez de circulante, y otros porque quieren circular sin escasez alguna. Y por unos y por otros ahí estamos enganchados en la cadena de asfixias. Los ingleses llamando repetidamente la puerta para tratar de cobrar oyendo las mil y una excusas dilatorias, el consabido venga usted otro día, o mi papá salió para el Mato Grosso brasileño y volverá el año que viene... o el otro. Una prueba más que fehaciente de todo lo afirmado es la curiosa noticia de que los aspirantes a miembros de la Cámara de Cuentas, nada menos que 110  (¡ciento diez!) de ellos, que no son un rulo ni paja de coco, tienen deudas con la inmisericorde Dirección Nacional de Impuestos Internos que no le perdona una ni a su mamá, ni a nadie, y menos si ese nadie es un don nadie, es decir un pobretón. Cómo pude ser que alguien que quiere ostentar un cargo en la Cámara de Cuentas, organismo que se encarga, o mejor dicho debería encargarse de fiscalizar los números dinerales a otras dependencias oficiales, tenga asuntos pendientes de naturaliza impositiva. ¿Es qué no sabían que la ley 10-4 sobre la Cámara de Cuentas en su artículo 12, numeral 5 establece que los aspirantes no pueden tener deudas con el Estado? ¿Es que ni siquiera se molestaron en leer algo tan básico como los requisitos donde pretendían trabajar? De alguna manera, sería algo así como que un gato pretendiera ser contratado para dirigir una pescadería. Y perdonen que uno piense así de mal, pero uno dos casos de olvido de deudas siempre pueden ser posibles por puro despiste ¡una entre tantas!... pero más de un centenar de aspirantes constituye ya otra pandemia, la de falta de ética. Y con la que estamos padeciendo con el maldito covirus 19 ya es suficiente. Más que suficiente

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