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12 de mayo del 2021

Política

El desafío de los ex

Orlando Gil. El año termina y termina en medio de polémicas que tienen que ver con las próximas elecciones, y los órganos encargados de organizarlas y arbitrarlas, trabajando como si no fuera Navidad ni existiera tregua de oficio. Aunque tiene tiempo para la celebración de su octavo aniversario, el Tribunal Superior Electoral tuvo que bajar […]




Orlando Gil.

El año termina y termina en medio de polémicas que tienen que ver con las próximas elecciones, y los órganos encargados de organizarlas y arbitrarlas, trabajando como si no fuera Navidad ni existiera tregua de oficio.

Aunque tiene tiempo para la celebración de su octavo aniversario, el Tribunal Superior Electoral tuvo que bajar el lomo ante el cúmulo de expedientes que debió conocer.

Los fallos se irán dando por puñado y de seguro que el discernimiento dejará que desear, pues los apremios no son buenos consejeros. Aunque culpa de los partidos y sus procesos, o de los que no se conforman, y no de la llamada alta corte.

Así como termina el 2019 habrá de iniciarse el 2020, pues las puertas que quedaron abiertas tendrán que cerrarse. Y algunos debates de situaciones deberán concluirse.

Los ex militares y ex policías en las mesas de votación, por ejemplo.

La gente entendió claro lo que dijo Leonel Fernández y amplió Guillermo Guzmán Fermín, y aunque dirigentes de La Fuerza del Pueblo quisieron arreglar la carga, esta llevaba tanto camino que fue imposible devolverla. No obstante se hace difícil asumir el acto fallido, reconocer la equivocación y dejar sin efecto el propósito, pues más que evidente el daño político. La Guardia y la Policía, por mucho que acicalen el uniforme, solo sirven para reprimir. No solo es su función, sino su entrenamiento. La condición de ex no cambia su naturaleza ni su característica.

En cualquier circunstancia no observarán un comportamiento cívico, sino de fuerza de choque e intentará imponer su voluntad a como sea de lugar. Incluso no enfrentarán a sus pares, sino a los jefes de mesa, y en última instancia, los agentes de la Policía Electoral.

La Junta Central Electoral deberá prevenir problemas, y tal vez sea conveniente establecer un perfil más adecuado del delegado de mesa.  El hecho de que ahora sean civiles o ciudadanos normales no cambia su temperamento autoritario y de hombres de acción.

Esa actitud de desafío es una dificultad nueva a la que habrá que írsele alante y resolver con tiempo.

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