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07 de mayo del 2021

Opinión

El desarrollo debe tener sabor humano

Teófilo Quico Tabar Debe evitarse corregir los fenómenos solamente en su apariencia exterior La grandeza de los pueblos depende en gran medida de la realización del potencial humano. Ni el desarrollo europeo, ni el asiático, ni el norteamericano o el ruso, para mencionar algunos, se han conseguido fundamentalmente por ayudas externas. Si bien las ha […]




Teófilo Quico Tabar

Debe evitarse corregir los fenómenos solamente en su apariencia exterior

La grandeza de los pueblos depende en gran medida de la realización del potencial humano. Ni el desarrollo europeo, ni el asiático, ni el norteamericano o el ruso, para mencionar algunos, se han conseguido fundamentalmente por ayudas externas.

Si bien las ha habido, sus logros han sido principalmente por el esfuerzo, la voluntad, la dedicación, la entrega y la capacitación de grupos y generaciones.

Que en una labor constante, adelantaron sus empresas culturales y económicas para llegar a los niveles de ampliación de mercados y de calidad de la vida en que ahora se encuentran.

Ante la crisis las ideologías y ahora con la presencia de una pandemia que aunque ya cuenta con vacunas continúa manteniendo al mundo medio aislado y frenado, en casi la totalidad del mundo moderno es necesario mirar los hechos con objetividad y buscar alternativas adecuadas. Porque los problemas continúan y las desigualdades han crecido.

Ha sido frecuente escuchar algunos sectores hablar de las buenas obras que se podrían ejecutar en beneficio de los pobres sin trabajo, sin salud, sin educación, sin vivienda, con solo dedicar una parte adecuada de los fondos que los gobiernos gastan en cuestiones que si bien son importantes para grupos privilegiados, algunos carecen de sustentación realista y humana.

Otros han expresado que debería dejar de ser una ilusión pensar que esos recursos se puedan orientar hacia soluciones de problemas sociales o hacia el apoyo a programas de desarrollo que procuren bienestar social colectivo.

Se sabe que existe preocupación dentro de instituciones que tienen a su cargo o están interesadas en propiciar desarrollo, cuando las evaluaciones demuestran que las teorías y modelos económicos que rigen y orientan los programas fallan. Ya sea porque los mecanismos no fueron bien diseñados o por otras razones humanas.

Algunos le han atribuido a una enseñanza de la historia, que pueblos avanzados producen desarrollo, mientras pueblos atrasados producen subdesarrollo.

Que el subdesarrollo en un país alcanza todos los niveles: político, dirigente, industrial, comercial, etc. En resumidas cuentas, según esas enseñanzas, el subdesarrollo es un círculo vicioso que engendra por si mismo subdesarrollo.

Posiblemente la verdad se ha dicho muchas veces. El problema del subdesarrollo no son solamente las estructuras sociales.

Aunque estas ofrezcan suficiente campo de crítica y propicien la concentración y uso injusto de las riquezas. Tampoco es una cuestión simplemente económica, aunque sea necesario reconocer que para que haya riqueza hay que producirla. El fondo del problema es su redistribución. Es eminentemente humano.

El concepto humanista del desarrollo puede parecer simplista e ingenuo, pero en última instancia su aplicación es la única capaz de lograr resultados efectivos y perdurables.

No como creen algunos, que todo se basa en los aspectos mecánicos que rigen los procesos, considerando el factor económico como una máquina a la cual se la puede conducir, acelerar o frenar.

Deben evitarse los caminos de corregir los fenómenos solamente en su apariencia exterior sin ir a las causas profundas que los crearon. Solo así se lograría caer en los mismos errores del pasado.


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