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16 de mayo del 2021

Opinión

El dinero sin proyectos ni orden suele hacer daño

Ningún país del mundo ha transformado la administración de su nación sólo con dinero, sino que primero está el proceso de inspiración de las almas de la gente y su pueblo en la búsqueda de objetivos comunes. Por RAFAEL NINO FÉLIZ . No es cierto que el niño que más dinero recibió para gastarlo en el […]




Ningún país del mundo ha transformado la administración de su nación sólo con dinero, sino que primero está el proceso de inspiración de las almas de la gente y su pueblo en la búsqueda de objetivos comunes.

Por RAFAEL NINO FÉLIZ .

No es cierto que el niño que más dinero recibió para gastarlo en el recreo del colegio o de la escuela pública fue quien alcanzó mayor éxito en su vida de estudiante, profesional, científica, empresarial o cultural. Pero tampoco es cierto que las instituciones públicas que han recibido más dinero del presupuesto del Estado son las que sirven de modelo. El 4% para la educación fue una tragedia para la nación y no tenemos la fórmula para resarcir el daño moral y financiero. Aunque participé en algunas movilizaciones junto al pueblo para su logro, sentía un dolor en mi alma de poeta cuando pensaba que no teníamos planes.

El mucho dinero sin planes, mística, horizonte, entrega ni objetivos nobles y claros no transforma instituciones ni produce riqueza a través de las empresas. El éxito personal no se alcanza por ser hijo de rico o de pobre. Pensarlo así o partir de esa falsa premisa es un mal consejo que conduce al fracaso. Hay ricos exitosos, no por ser hijos de ricos, y hay personas de origen muy pobre que alcanzaron el éxito, no vendiendo en las calles su pobreza como pena lamentable y dolorosa, sino que caminaron decididos y firmes, y con grandes sacrificios, hacia el horizonte con sus sueños al hombro.

Ningún país del mundo ha transformado la administración de su nación sólo con dinero, sino que primero está el proceso de inspiración de las almas de la gente y su pueblo en la búsqueda de objetivos comunes. Para transformar una institución o una sociedad, hay que cambiar –primero- la mente de los sujetos sociales y construir una nueva espiritualidad que los haga invencibles frente a los más grandes retos y desafíos que tendrán que enfrentar. Los seres humanos no transforman su mentalidad con el dinero, sino con las ideas. Y esas ideas provienen de sus líderes y del propio colectivo.

Usted podrá pagarles un millón de dólares mensuales a los directivos y a todos los empleados de un país o de una institución, y no será suficiente para transformarlo. Los países que han cambiado el rumbo de sus realidades -y tenemos grandes ejemplos- lo han hecho con las ideas y no con el dinero. Las sociedades se transforman con la educación y la cultura

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