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17 de abril del 2021

Política

El fenómeno de las encuestas

Orlando Gil. Los facultativos deben estudiar el fenómeno y dar a conocer la razón por la que el dominicano muere y mata por una encuesta política. La afición por las mediciones y el interés en saber por adelantado un probable resultado electoral, no tiene nada de extraño. Hasta el saber por saber es una virtud. […]




Orlando Gil.
Los facultativos deben estudiar el fenómeno y dar a conocer la razón por la que el dominicano muere y mata por una encuesta política. La afición por las mediciones y el interés en saber por adelantado un probable resultado electoral, no tiene nada de extraño. Hasta el saber por saber es una virtud. El problema es que el dominicano no quiere encuestas para auscultar la situación, sino para descalificar al candidato que lleve gabela. La ley ayuda ese ánimo de contradicción, pues como obliga a identificar a la persona que costea la medición, desde que se tiene nombre, estallan los infiernos. No obstante ese espíritu, las encuestas se hacen dueñas del espacio político. Ahora mismo son la sensación y modus operandi en casi todos los partidos. La política dominicana se abre al mundo de las encuestas y el mundo de las encuestas hace igual con la política dominicana. A pesar del agotamiento, vienen firmas de todas las latitudes y hallan. Interesante el caso, pues igual que resuelven, agravan. Los precandidatos de la corriente de Danilo Medina corrían y no se sabía cómo podrían pararse, hasta que se tuvo la genial idea de realizar cinco encuestas. Al final fueron cuatro, y que no sirvieron a los fines de la calle, pero sí solucionó el impasse y el sector tiene un adversario solvente. Leonel Fernández no parece tenerlas todas a su favor en las primarias de octubre. Conviene por tanto determinar la magia, pues lo curioso del fenómeno es que las encuestas hacen innecesario los discursos y también los perfiles. Todo se reduce a caer más o menos, y no importan los números, ya que el papel lo aguanta todo, todo, pero lo que se dice todo. Las mediciones compiten en un territorio imposible, y cada cual enaltece las propias, sin que se haga una auditoría ni puedan compararse con las de gabinete. Existen encuestas privadas para fines de estrategia que no afectan el temperamento y se corresponden con la verdad. Un sondeo honrado nunca engaña a su dueño. ¿Hasta cuándo el misterio? Por suerte pronto. L

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