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10 de mayo del 2021

Política

El gobierno del PLD debe hilar fino

Es verdad que los gobiernos del PLD se han ensuciado en la Constitución y las leyes, tirado por la borda la separación e independencia de los poderes del Estado, piedra angular del sistema democrático, que han secuestrado a la opinión pública y, en resumen, se han burlado a sus anchas de la sociedad.    Ojalá […]




Es verdad que los gobiernos del PLD se han ensuciado en la Constitución y las leyes, tirado por la borda la separación e independencia de los poderes del Estado, piedra angular del sistema democrático, que han secuestrado a la opinión pública y, en resumen, se han burlado a sus anchas de la sociedad.   

Ojalá que los jerarcas del PLD estén leyendo diferentes señales que le viene haciendo desde hace tiempo una amplia mayoría del pueblo, que se hartó de su modelo de gobierno agotado, por incapacidad de dar  respuestas efectivas a las grandes necesidades nacionales.

El PLD no debería olvidar que ya desde la encuesta Gallup-Hoy de marzo una abrumadora mayoría dijo que ya no cree más en su gobierno, que el país va por mal rumbo, que no creen en lo que dice el Banco Central de que han sacado a más de un millón de la pobreza y terminaron advirtiendo al más popular de sus dirigentes, el presidente Danilo Medina que, hasta en un 67% rechazan la posibilidad de que reforme la Constitución para repostularse. 

En mayo de 2017 citaba yo en un artículo publicado en este periódico a los señores Jim Sisco y Luis Soto, de la firma Enodo Global, quienes dieron a conocer un estudio que proyecta al país en una latente situación de riesgo.

Tuve la oportunidad de ver en la televisión a esos especialistas en materia de seguridad nacional, gobernanza y orden público exponer su sorpresa por la indignación y la ira que expresaron sus consultados en las redes ante los desafueros en que incurren los dirigentes y altos funcionarios morados.

Esa indignación la vi en la determinación con que la mayoría de los participantes en la #MarchaDelMillón recorrieron desafiantes, incluso bajo un aguacero por momentos iracundo, todo el trayecto del masivo cuestionamiento a la corrupción, impunidad, falta de transparencia en la gestión pública y el irrespeto a la Constitución y las leyes.

Desde ayer estamos observando en las redes y en la televisión la rabia                –expresada incluso en términos que no compartimos–  con que dominicanos de NY están rechazando la presencia de funcionarios que acompañan al presidente Medina en la Asamblea General de la ONU.

Algo parecido pudo ocurrir con el ex presidente Leonel Fernández, si la policía no lo saca abruptamente a su llegada al aeropuerto de Newark, pues se sabe que no es verdad que la operación de extracción con que lo metieron en su yipeta  se debió sólo a que sus seguidores querían saludarlo.

Ya la policía de Estados Unidos conoce el rechazo que provoca la presencia de funcionarios o ex funcionarios  y dirigentes morados entre ciudadanos dominicanos residentes allí, gente que no está en nómina del gobierno ni depende del asistencialismo social del estado abusivamente convertido en clientela política.

Desde anoche y en la prensa de hoy el gobierno desató una tupida ofensiva mediática para “informar”  que había desmontado la convocatoria a paro del transporte de carga.

Se había dado cuenta de que un llamado a paro de Fenatrano estaba localizado en la región Sur del país, pero parece que la aversión que mueve el gobierno del PLD animó a que en un movimiento espontáneo, en las primeras horas de la mañana los choferes del transporte público dejaron a pie a sus usuarios del Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo.

Dada la sostenida y recia indignación popular, que expresa ribetes de ira, el gobierno del PLD debería hilar bien fino.

Eso de meter militares en reuniones con choferes. De caerle a bombazos a vigilias pacíficas jiede a politización de guardias y policías.

Esa pudiera ser una provocación del PLD pretendiendo crear un ambiente brumoso buscando salirse del callejón sin salida a que lo ha llevado su desastrosa e inhumana política económica, y su irrespeto a las instituciones democráticas y a la sociedad.

Ojalá que se ajuicien. 

Nelson Marte.

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