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12 de mayo del 2021

Opinión

El impacto Odebrecht

Alfredo Freites. Algunos empresarios se me  quejan de la lentitud de las operaciones de negocios. Alegan que las ventas están flojas. Dicen que no por ser parte del período estacional es que el ambiente no sea agradable, sino  porque la gente carece de liquidez para embarcarse en  opciones más allá de las obligaciones de la […]




Alfredo Freites.

Algunos empresarios se me  quejan de la lentitud de las operaciones de negocios. Alegan que las ventas están flojas. Dicen que no por ser parte del período estacional es que el ambiente no sea agradable, sino  porque la gente carece de liquidez para embarcarse en  opciones más allá de las obligaciones de la carga fija. Es comentario usual que los comerciantes siempre están quejosos porque mucho no es suficiente y permanentemente la queja de las vacas flacas está en sus labios. Es como si alegar malas ventas fuera un saludo y no la decisión de un conjuro para cambiar la situación.

En otro borde del río están los ingenieros, los que hacen las megaobras, alegando  que Odebrecht se quedó con todo y ni boronas dejaba a los del patio. Mientras los funcionarios gubernamentales eran sordos a los reclamos de que las grandes obras públicas del Estado iban a manos de constructores extranjeros, básicamente a la empresa brasileira. En algún punto estos reclamos tienen algo en común. La actuación de Odebrecht ha puesto un antes y después en el país, aunque no aparentan vínculos los sectores empresariales quejosos. Las obras de Odebrecht, independientemente de sus altos costos, sobrevaluación y sobornos, son de calidad.  Los encarga han sido bien hechos con terminación irreprochable. No requerían de malas artes para competir y realizar, pero no hay nada mejor que el monopolio para estar en el mercado.

La asociación de Odebrecht para delinquir contó con  el favor político. Unos y otros se lucraron a costa del erario.

Estos malos manejos provocó la repulsa popular. Aún no se puede determinar el alcance de las acciones pero el ambiente ha parido legislaciones que atacan el lavado de activos.

Consecuentemente los dineros que corrían por doquier por cuenta de Odebrecht (dinero fácil que a nadie molestaba) se ha ocultado. Ya dejó de ser usado para mostrar la vida opulenta  con el acelerador hasta el fondo, hacer  deslumbrantes regalos o  ganar fama de generosidad. La persecución contra los vinculados a la firma constructora ha generado una contracción del lavado que afecta a otros litorales.

Algunos constructores antes y ahora concurrieron al lenocinio;  el  soborno ha lubricado la eficiencia gubernamental con la diferencia de que las  ganancias por las obras se quedan en el país. Todos los involucrados deben tener paciencia, que la ola persecutora pasará. Es maquillaje social. La normalidad está en lista de espera.

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