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19 de abril del 2021

Opinión

El Jaro en Santo Domingo

Pablo McKinney. pablomckinney@gmail.com. “Y van ya quince atracos en un mes, tu vieja apura el vino que has mercao y nunca ha preguntao, ¿de dónde sale todo este parné? “Qué demasiado. Canción al Jaro”. Joaquín Sabina. Y OTRA VEZ CELAYA.- Una vez más, “como otras tantas veces”, anda la sociedad dominicana navegando en la náusea de […]




Pablo McKinney.
pablomckinney@gmail.com.
“Y van ya quince atracos en un mes, tu vieja apura el vino que has mercao y nunca ha preguntao, ¿de dónde sale todo este parné? “Qué demasiado. Canción al Jaro”. Joaquín Sabina. Y OTRA VEZ CELAYA.- Una vez más, “como otras tantas veces”, anda la sociedad dominicana navegando en la náusea de la muerte en una semana de luto y sangre que aún no termina, pues aún podría alguien ahorcarse desde una mata de lechuga, o saltar al vacío desde El Puente Motors, o aquel de Roberto Ledesma. El asunto es que, una vez más, volvemos los dominicanos a repetir la misma letanía, y dale que te pego con la misma cita de Celaya, porque “estamos tocando el fondo”, y otra vez la nota que lamenta “que la delincuencia haya sobrepasado la capacidad operativa de la Policía”, como si la Policía fuera el problema y no la falta de voluntad de los que desde 1978 en adelante debieron transformarla y no lo han hecho. Y una vez más (“Como otras tantas veces”) volvemos temerosos a preguntar: ¿qué más veremos arder? ¿Qué nos queda ya por ver y padecer en esta selva gris de spanglish, y Smartphone? Podemos remitirnos a la percepción, destacar estadísticas que hablan de la disminución del número de homicidios a partir de la llegada del sistema 9-1-1-, pero lo que no disminuye es el miedo, mucho miedo porque (es un ejemplo) son casi las tres de la madrugada y la Paola mayor no llega, y vuelve uno a revisar su habitación, a sentarse vencido en su cama, pero la Paola no llega. UN PADRE ESPERA A SU “NIÑA”.- Cuántas veces tendremos que decir y advertir que, sin leyes, normas –y sin la decisión de aplicarlas con el rigor que ellas permiten– un país no puede ir a otra parte que no sea al carajo. Y hablo de pobreza, impunidad y ese terrible cambio de expectativas que alimentan al monstruo que violento nos devora, y en todos lados la corrupción como una maldición, como un delirio. Y sigue el padre esperando a su “niña” de 22 –ya son las 3 y 10–, buscando en su playlist de Spotify los versos de ese Víctor Manuel San José Sánchez de Belén, que hace mil años sabía que, sin ciudadanos, sin ley, sin Dios, y sin el cariño (y/o el correazo a su tiempo) de unos padres, se nos iba a ser demasiado difícil la vida y la sociedad terminaría convirtiéndose “en un buen proyecto para el mal”. Y otra vez, a citar las citas y a saludar la muerte, y siempre este miedo (que ya son las 3 y 20 y la “niña” no ha llegado). “UN BUEN PROYECTO PARA EL MAL”.– Hoy nuestra sociedad es “un buen proyecto para el mal”, porque además de arrabalización, violencia, pobreza, impunidad, está el tema del cambio de expectativas y aspiraciones de los jóvenes y los no tan jóvenes. Estamos frente al hombre light de la postmodernidad a quien la sociedad le enseñó que, para SER (para existir) hay que TENER... y además el vecino debe saberlo. Para colmo de males, las redes sociales no han hecho sino potenciar todo esto, y a Instagram o Facebook me remito. No es cierto que robos y asesinatos se cometen porque hay un ciudadano que de tan pobre sale desesperado a robar para poder comprar el pan de sus hijos. No. Los actuales delincuentes son hombres y muchachos, alienados por el reiterado mensaje que la sociedad –con ejemplos incluidos– les ha enviado, y al final, ya ven, les ha convencido. Ellos también quieren SER, por eso delinquen, para TENER, que es la única forma de existir, según las reglas del nuevo capitalismo arrogante, vencedor, inhumano, según el Papa. No es dinero para un pan, una camisa, un par de zapatos lo que quiere el muchacho que te asaltará hoy mismo, sino dinero para comprar los tenis de última moda a lo Lebrón, el último Smartphone, y lo peor, la penúltima raya de cocaína. DOS HIJOS DE JOAQUÍN SABINA EN DOMINICANA.– Solo era asunto de tiempo, que la descomposición social y familiar que padecen otros países, y las películas, nos muestran nos llegará a nosotros, como nos llegó Netflix; y se nos aparecieran de repente dos hijos del Sabina, el “Ciudadano Cero” y el Jaro (Qué demasia’o). El asunto es sencillo: si para SER hay que TENER, yo delinco y muero acribillado, pero TUVE, es decir que fui, e incluso logré más de lo esperado: Esta noche Cavada me sacará en su telediario.

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