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06 de mayo del 2021

Política

El mensaje de los cacerolazos

Si es verdad, como cree la oposición y el resto del país, que desde el Gobierno fue que se urdió el plan macabro que hizo abortar las elecciones municipales,  resulta evidente que no estaban en el guión los jóvenes que con su protesta, su energía y su creatividad  han convertido la Plaza de la Bandera […]




Si es verdad, como cree la oposición y el resto del país, que desde el Gobierno fue que se urdió el plan macabro que hizo abortar las elecciones municipales,  resulta evidente que no estaban en el guión los jóvenes que con su protesta, su energía y su creatividad  han convertido la Plaza de la Bandera en el corazón palpitante de un país que parece haber  despertado de su letargo y  resignada pasividad. Tampoco lo estaban los cacerolazos que, como un regalo de sus vecinos, llegaron hasta los delicados tímpanos del Presidente de la República, reclamando al igual que los jóvenes  una explicación  de lo que pasó el 16 de febrero, y como una cosa lleva a la otra también una democracia más funcional  y transparente. Ha de ser por eso que  el gobierno se ha quedado sin palabras, sin respuestas  y sin argumentos, paralizado por la sorpresiva aparición en el escenario político de  una variable que puede cambiar y definir, si no es que lo hizo ya, el panorama electoral. Con su sentido de la oportunidad siempre alerta, los políticos  quisieron aprovechar el momento y encaramarse en la cresta de la ola, sin darse cuenta, en su miopía inmediatista, de que esos muchachos los han metido a todos en un mismo saco, donde han demostrado que deben estar; y por ahí andan juntos y reburujados, como botón de muestra, los que proponen un cambio y los que se han pasado la vida tratando de que aquí no cambie nada. ¿Qué saldrá de ahí? Muy pronto lo sabremos, cuando los electores, con su voto, digan la última palabra. Mientras tanto los jóvenes en la Plaza de la Bandera mantienen su protesta, que ya se extendió a todo el país y más allá de nuestras insulares fronteras (los vídeos en las redes hablan por sí solos), para desgracia de los que en el Palacio Nacional no han podido volver a dormir tranquilos, sobre todo después de que los cacerolazos y su estruendo ensordecedor  confirmaron que los muchachos   tienen razón: de que se van, se van. Por: Claudio Acosta.

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