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18 de abril del 2021

Opinión

El mentiroso repite el engaño

Alfredo Freites. Los diarios ayer me dejaron boquiabierto con las personas involucradas en actos de corrupción. La falta de ética no tiene nacionalidad, lo comprobé una vez más. Tampoco respeta que sean iletrados o doctorados con o sin abolengo.  Hace años le dije a mi hijo Javier que las naciones estaban cuadrando el juego para […]




Alfredo Freites.
Los diarios ayer me dejaron boquiabierto con las personas involucradas en actos de corrupción. La falta de ética no tiene nacionalidad, lo comprobé una vez más. Tampoco respeta que sean iletrados o doctorados con o sin abolengo.  Hace años le dije a mi hijo Javier que las naciones estaban cuadrando el juego para atrapar los políticos corruptos. Iban confeccionando una red con leyes contra esas prácticas.  En realidad, apropiarse de los recursos del erario por medios fraudulentos y las operaciones tendentes a escalar el poder, seguirá siendo un dolor de cabeza, pero los controles efectivos forjarán nuevos medios de captura. El presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, renunció por una inundación de corrupción que lo ahogaba. Se despide del poder con un acto final de demagogia ordenando la elevación del sueldo mínimo. El político, conocido como el Gringo o PPK, hijo de un judío alemán, tenía un perfil de intachable, hizo promesas de combatir la corrupción y dejar preso a Alberto Fujimori, pero resultó ser otro mentiroso. Un mentiroso más. En España, el hijo político del Rey Juan Carlos, Iñaki Urdangarin, nada contra la corriente judicial que lo condenó a seis años y tres meses de prisión por ladrón de fondos públicos. Mientras, en Francia el ex presidente Nicolás Sarkozy fue imputado de usar dinero de un país extranjero para financiar su campaña presidencial.  Es la segunda vez que se navega en ese proceloso mar. Tenemos que por un lado el ex presidente Ignacio Lula De Silva, usa todo tipo de artimañas políticas y legales huyendo a las cantadas sentencias en su contra y Donad Trump tira mandobles al aire para espantar las acusaciones que, como bandada de mosquitos, lo persiguen. Todo esto fue ayer. Esas informaciones son las que me llevan pensar que el poder es una fuente que hace perder los sentidos. Los que abrevan allí pecan de una adicción que requiere de una y otra reelección.  Que hacen cualquier cosa para permanecer en el tope. Mienten solapada o descaradamente. Juran en vano y engañan con porfía.  Los endrogados con el poder no les importa que sus palabras se devalúen. Van arrastrando el deshonor, así como un drogadicto roba para comprar su vicio.  Las universidades Harvard y Northwestern afirman que quien engaña una vez repite porque sufre de amnesia ética.  Juan Bosch lo dijo antes, también que los  ladrones pierden el miedo, pero la justicia los atrapa.

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