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20 de abril del 2021

Economía

El nuevo orden de Europa

(I/III) Creí que mi último viaje tocaba a su fin, gastado todo mi poder; que mi sendero estaba ya cerrado que ya había consumido todas mis provisiones, que era el momento de guarecerme en la silenciosa oscuridad. Pero he visto que tu voluntad no se acaba nunca en mí. Y cuando las palabras viejas se […]




(I/III) Creí que mi último viaje tocaba a su fin, gastado todo mi poder; que mi sendero estaba ya cerrado que ya había consumido todas mis provisiones, que era el momento de guarecerme en la silenciosa oscuridad. Pero he visto que tu voluntad no se acaba nunca en mí. Y cuando las palabras viejas se caen secas de mi lengua, nuevas melodías estallan en mi corazón; y donde las veredas antiguas se borran, aparece otra tierra maravillosa. Rabindranath Tagore La República Dominicana es una economía abierta y, como tal, los efectos del entorno político y económico mundial tienen un gran impacto en su economía. Es por ello que dedicamos este esfuerzo para abordar un análisis político-económico que nos conduzca a la evaluación del comportamiento y tendencias de la economía mundial. Estamos en un mundo económico con un gran nivel de complejidad en donde los grupos de mayor relevancia en el orden mundial, como Estados Unidos, China y Europa, se encuentran inmersos en grandes incertidumbres. Nos enfocamos en este trabajo en el reciente incremento del populismo y cómo este podría afectar las condiciones político – económicas de nuestro país. Hace, justamente un año, escribimos un artículo titulado “Europa hoy: cambios políticos y económicos”, en el que abordamos el cambio de paradigmas que envolvía a la Unión Europea, como consecuencia de los límites no resueltos de Europa, así como de los nuevos poderes mundiales. Estas incertidumbres dieron inicio al creciente populismo, especialmente de derecha, que se ha manifestado en los últimos años en diferentes países del mundo. El aumento del populismo es una realidad innegable. Europa no es la excepción. La combinación de sociedades diversas con recesiones económicas, incertidumbres políticas y la creciente desigualdad ha creado el escenario perfecto para un incremento de esta actitud política. Diversas recetas se han aplicado para combatir las crisis político-económicas, sin alcanzar el resultado deseado, al contrario, las medidas adoptadas provocan una fragmentación política, como se subrayan en los diferentes artículos de prestigiosos economistas y columnistas del Financial Times, El New York Times, Project Syndicate, Daily Times, Time Magazine, The Washington Post, The Economist, entre otros, en las que se fundamentan la reflexión nuestra sobre este tópico. Los detalles pueden ser diferentes, pero los recientes trastornos en Gran Bretaña y Francia son similares y parten de corrientes comunes, nacidas de las mismas fuerzas: la rebelión contra la globalización, el temor a los inmigrantes, incremento meteórico de la desigualdad y la desconfianza de los líderes tradicionales. La inestabilidad parece estar a la orden del día en Europa. La política tradicional practicada en las democracias occidentales durante décadas, después de la Segunda Guerra Mundial, pervive en el presente en un terreno inestable en muchos países. Procura encontrar el punto de equilibrio que pueda satisfacer a las poblaciones fracturadas por factores económicos, cambios culturales y sociales. Dos tercios de los ciudadanos de la Unión Europea se declaran “nostálgicos” y, por tanto, susceptibles a los movimientos populistas, según revela un estudio de la Fundación Alemana Bertelsmann Stiftung, titulado “El poder del pasado. Cómo la nostalgia modifica la opinión pública europea”, presentado en el Club de Prensa en Bruselas. En el 2018, los líderes de la UE volvieron a reunirse en Tallin y adoptaron una “Agenda de líderes” para “guiar la acción de la UE hasta las elecciones del Parlamento Europeo, en mayo de 2019.” Y se prepara para una cumbre en Sibiu, Rumania, para el mismo mes en donde se iniciarán estos planes. Para gerenciar estos y los futuros desafíos, la UE tendrá que redefinirse a partir de 2019. Sin embargo, en un entorno geopolítico cada vez más fragmentado, ya no se puede confiar únicamente en el poder “blando”. Y, como es el caso de todos los gobiernos, debe comenzar a prepararse para la revolución digital, que es inaplazable. Por: FERNANDO ÁLVAREZ B.

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