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18 de abril del 2021

Opinión

El pago presencial

La historia enseña que hay corrupción en las dependencias del Estado donde se permite la existencia de nóminas de pago para empleados y obreros temporales. Al parecer, la tentación es irresistible para algunos y los beneficios se reparten entre quienes ordena la confección de los cheques y quienes pagan directamente, hay, pues, complicidades que no […]




La historia enseña que hay corrupción en las dependencias del Estado donde se permite la existencia de nóminas de pago para empleados y obreros temporales. Al parecer, la tentación es irresistible para algunos y los beneficios se reparten entre quienes ordena la confección de los cheques y quienes pagan directamente, hay, pues, complicidades que no se pueden ni se deben soslayar. Esto ocurría en tiempos de Trujillo. El buda del Central Barahona, vehículo con aspecto de escarabajo gigante, llegó cuando el batey recién despertaba y el olor a café llamaba a la faena del día, sábado de pago. El superintendente del batey había preparado una mesa con un verdadero festín para los comensales. Tanta comida y bebida podía alimentar a una decena de personas, pero los comensales nada más eran el pagador y su acompañante, el maquinista que manejaba el buda y el propio anfitrión. La fila de personas que esperaban sus salarios no representaba ni de lejos la cantidad de obreros que trabajaban en el batey. El pago se realizó muy rápido. Luego de entregar las sumas correspondientes a los pocos obreros que se acercaron se cerró el vehículo y comenzó el real pago correspondiente a los miles de trabajadores que habían solicitado adelantos, préstamos, avances, de los cuales hablaban los miles de vales que presentó el superintendente, quien obsequioso hacía más que lo posible por adular y obsequiar a los pagadores, quienes también se beneficiaban por realizar la operación. En el negocio, la grasa alcanzaba para todo y para todos. En el caso de los pagos de la Secretaría de Obras Públicas la movida era mejor puesto que ese departamento ejecutaba trabajos en todo el país, por tanto, eran centenares las nóminas, de ellas se beneficiaban muchos superintendentes y comerciantes que compraban los vales de los obreros quienes premiaban a los pagadores por la operación ilegal. El más reciente escándalo de corrupción gubernamental es la constatación de que miles de personas, según el Ministerio de Educación, cobran sin trabajar en listas, en nóminas de distintos lugares. Eso no es de extrañar. No recuerdo si fue el doctor Víctor Hidalgo Justo quien dispuso el pago presencial en la entonces Secretaría de Estado de Educación y se determinó entonces que figuraban en la nómina muchas personas que no existía o habían muerto o no trabajaban ni eran conocidas en los destinos donde estaban asignados. La corrupción es corrupción, en pequeña o en gran escala, por ello debe ser investigada, detectada, descubierta, comprobada. Mientras se crea un organismo independiente del Poder Ejecutivo ¿qué tal si la Contraloría General de la Nación indaga las nóminas y nominillas del Ministerio de Obras Públicas, de la Reforma Agraria, del Instituto de Recursos Hidráulicos para comenzar el saneamiento?. Por: Bonaparte Gautreaux Piñeyro.

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