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16 de mayo del 2021

Mundiales

El gran silencio de Joseph Ratzinger,el papa Benedicto XVI cumple 90 años, en el silencio que prometió

Tras su renuncia en febrero del 2013, prometió que permanecería “oculto al mundo” . Ciudad del Vaticano – El papa Benedicto XVI prometió, tras su renuncia en febrero de 2013, que permanecería «oculto al mundo» y, en ese silencio en el que se ha sumido en este tiempo, cumplirá mañana 90 años. Para no interferir […]




Tras su renuncia en febrero del 2013, prometió que permanecería “oculto al mundo” .

Ciudad del Vaticano – El papa Benedicto XVI prometió, tras su renuncia en febrero de 2013, que permanecería «oculto al mundo» y, en ese silencio en el que se ha sumido en este tiempo, cumplirá mañana 90 años.

Para no interferir en los ritos del Domingo de Resurrección, Benedicto XVI lo celebrará el lunes de manera discreta con un pequeño homenaje que le ofrecerá un grupo de su región natal, la Baviera alemana.

La mente permanece lúcida, pero las fuerzas, relatan quienes le ven habitualmente, apenas alcanzan para dar unos pasos acompañado de un andador. Cuando no era así, hace ahora algo más de 4 años, Joseph Ratzinger, el primer papa emérito de la historia, dio el paso al lado más importante que se recuerda en el Vaticano. Desde entonces, vive en el convento de monjas Mater Ecclesiae, a escasos centenares de metros del papa Francisco. Ambos visten prácticamente igual, pero Benedicto XVI lo hace retirado de la vida pública, en silencio y oculto, tal y como prometió. Hoy cumple 90 años.

Joseph Ratzinger (Martktl am Inn, 1927) es un anciano con dificultades físicas —incluidas de oído y visión—, que afronta la última etapa de su vida con una discreción absoluta. Se entretiene a diario leyendo dos periódicos alemanes, pero también L’Osservatore Romano (el periódico del Vaticano), L’Avvenire y una reseña de prensa que le prepara la Secretaría de Estado. Cada noche, mira un telediario y, cuando las manos no le fallan, todavía se sienta al piano para tocar algunas piezas. Hoy, día de su cumpleaños, le visitará su hermano Georg (93 años) y mañana, para no interferir en los ritos del Domingo de Resurrección, realizará una pequeña celebración al estilo bávaro, según ha contado su secretario personal y mano derecha, Georg Gänswein, en la que también estará el primer ministro de Baviera, Horst Lorenz Seehofer. Todo está diseñado estos días para colmar su felicidad.

Ratzinger lee varios periódicos al día, escribe cartas y a veces toca el piano. Pero su físico empeora y camina con un andador

Los útlimos días de Benedicto XVI en las silla de Pedro, sin embargo, fueron mucho más complicados. Acosado por los escándalos de pederastia y la incesante cascada de indiscreciones que emanaban del caso Vatileaks —propiciadas por la dolorosa traición de su secretario personal—, abrieron la tertulia global sobre los motivos de su renuncia. “Un pastor rodeado por Lobos”, le definió el siempre contenido L’Osservatore Romano. “Las aguas bajaban agitadas, el viento soplaba en contra y Dios parecía dormido, ..”, dijo él mismo en su despedida acudiendo al Evangelio. Agotado físicamente desde hacía meses, Ratzinger, el gran teólogo que en ocasiones pudo dar la impresión de estar más ocupado de las cuestiones del cielo que de las de la tierra, tomó de forma silenciosa la decisión más mundana que podía imaginarse. “Mi momento había pasado, di todo lo que podía dar”, reveló a Peter Seewald en las charlas que dieron pie en 2016 al libro/testamento Últimas conversaciones.

La renuncia , que apenas conocían cuatro personas, se fraguó en agosto de 2012. Más allá del agotamiento físico evidente, se habló entonces de presiones internas, de «cuervos» acechando y de un cierto acorralamiento. El padre Federico Lombardi, presidente de la Fundación Ratzinger y portavoz del Vaticano durante el papado de Benedicto XVI y parte del de Francisco, rechaza de plano esa. “Lo de las presiones no tiene ningún fundamento. Cualquier persona de buen sentido se da cuenta de que si él sentía esa fatiga hace 4 años, ahora solo puede ser mayor. Tomó libremente la decisión, delante de Dios, pero con consideraciones muy evidentes y razonables. Se sentía cansado para hacer viajes, celebraciones, audiencias. Y eso se ha ido confirmando con el paso del tiempo. Fue una decisión del todo razonable, y el tiempo no hace más que confirmarlo”, insiste Lombardi.

También quienes le visitan a menudo. Y muchos de estos encuentros  —incluido esta última semana para felicitarle el cumpleaños y la Pascua— los ha protagonizado el Papa Francisco, con quien ha mantenido una cordial relación estos últimos 4 años pese a la insólita situación que se creó aquella noche del 28 de febrero, cuando se hizo efectiva la renuncia. Nunca antes dos papas habían convivido a tan pocos metros. Jorge Mario Bergoglio le pide a menudo que rece por él e, incluso, le ha mostrado importantes documentos como la controvertida y avanzada exhortación apostólica Amoris Laetitia. Ratzinger, mucho más inclinado a la ortodoxia que su sucesor, nunca ha opinado públicamente sobre ninguno de estos asuntos, aunque sería fácil situarle en las antípodas de este nuevo estilo de pensamiento y gestión en el Vaticano.

La teoría de que reunció por presiones no tiene ningún fundamento. Cualquiera se da cuenta de que si él sentía esa fatiga hace 4 años, ahora solo puede ser mayor», sostiene el padre Federico Lombardi

Pero más allá de los motivos y del transcurso de su papado, su renuncia fue un moderno gesto que abrió una nueva vía, incluso para los obispos que cada vez más dan un paso al lado y renuncian a ejercer su responsabilidad. “Causó mucha impresión porque era nuevo. Pero con ello ha abierto un camino para poder tomar una decisión de este tipo de forma muy natural, sin que sea ya extraordinaria. Para sus sucesores, una valoración de esta posibilidad va a ser más fácil que para él. El papa Benedicto XVI reza por la Iglesia, todos le quieren, pero no interfiere para nada en su Gobierno”, señala Lombardi. Un silencio que extiende incluso los diarios con reflexiones personales, que según ha contado, también destruirá antes de marcharse.

En la puerta de su residencia, el monasterio Mater Eclessiae, dentro del Vaticano, y ataviados con el traje tradicional, los miembros del grupo interpretarán música típica bávara y le felicitarán el cumpleaños.

 

Para la ocasión ha viajado su hermano monseñor Georg Ratzinger, que a pesar de sus 93 años no ha querido faltar a ese pequeño homenaje, en el que también estará presente el primer ministro de Baviera, Horst Lorenz Seehofer.

«Todo lo bávaro hace mucho bien al corazón del Papa», explicó su aún histórico secretario, monseñor Georg Gänswein, ahora prefecto de la Casa Pontifica, quien adelantó que, además de «muchos libros como regalo», también le han llegado muchas cartas llenas de afecto.

Uno de los primeros en felicitarle fue Francisco, que el pasado miércoles acudió al Mater Eclessiae para el tradicional augurio de Buena Pascua al papa emérito en un nuevo encuentro entre ambos que tuvo «un doble carácter de celebración» pues también aprovechó para desearle un buen cumpleaños.

A Celestino V, quien también renunció en 1294, le confinaron en el castillo de Fumone (en las afueras de Roma) ante el temor que alguien se pudiera contactar con él o reconocerle como pontífice.

A Joseph Ratzinger se le dio el título de papa emérito: sigue vistiendo de blanco, vive dentro de los jardines vaticanos y se ha convertido en una referencia para muchos que acuden a consultarle e incluso para su sucesor.

En estos cuatro años, el papa alemán ha roto sólo su silencio en dos libros-entrevistas publicados recientemente: «Servitore di Dio e dell’umanità» («Servidor de Dios y de la Humanidad»), del italiano Elio Guerriero, y «Ultime conversazioni» («Últimas conversaciones»), de su biógrafo oficial, el periodista alemán Peter Sewald.

En los dos volúmenes reiteraba de nuevo el cansancio que le llevó a su renuncia, descartaba cualquier tipo de presión en esta decisión y elogiaba al papa Francisco.

Pero cómo en cada efeméride en la que se recuerda la figura de Benedicto XVI, y también en ocasión de su 90 cumpleaños, el tema de la convivencia de los dos papas y las razones de su renuncia vuelven a surgir.

Habla por él su secretario Gänswein, que en estos días en varias entrevistas ha reiterado que «no recibió presión alguna» para renunciar al pontificado ni fue frutodel caso de filtración de sus documentos privados, conocido como Vatileaks, sino que fue solo por no sentirse con las fuerzas necesarias.

«Vive tranquilo sin dejarse provocar» por quienes cada día le comparan con Francisco, que para el pontífice alemán «es un soplo de aire fresco», aseguró Gänswein en una entrevista al diario «La Repubblica».

También preocupa la salud del «abuelo en casa», como le ha definido Francisco, y Gänswein asegura en sus declaraciones que «está lucidísimo, aunque las fuerzas físicas disminuyen».

Se mueve a veces gracias a un andador para «sentirse más seguro y autónomo», ya que tiene graves problemas en las piernas, y tampoco puede tocar el piano como antes, «porque las manos no le obedecen a veces», ha descrito el secretario.

Sigue la actualidad a través de los telediarios de las 8 de la tarde, recibe el «L’Osservatore Romano», el diario del Vaticano, y el católico «L’Avvenire», dos periódicos alemanes y la revista de prensa de los medios italianos e internacionales que realiza la Secretaria de Estado.

Pero sobre todo se dedica a la lectura de los escritos de los grandes Padres de la Iglesia y también lee las publicaciones teológicas más recientes.

Ha leído la exhortación de Francisco «Amoris Laetitia» y conoce las críticas de algunos cardenales al texto, pero sobre esto, añade su fiel secretario, Benedicto XVI «guarda silencio».

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