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15 de abril del 2021

Deportes

El penalti más largo del mundo clasifica al Real Madrid

Por la manera de descerrajar a la escuadra de Szczesny el penalti en el minuto 93 que daba el pase a semifinales tras una noche de locos, Cristiano Ronaldo debía ser el madridista presente en el Bernabéu con el pulso más calmado a esas alturas de la película. Taloneó, soltó el aire y chutó con rabiosa […]




Por la manera de descerrajar a la escuadra de Szczesny el penalti en el minuto 93 que daba el pase a semifinales tras una noche de locos, Cristiano Ronaldo debía ser el madridista presente en el Bernabéu con el pulso más calmado a esas alturas de la película. Taloneó, soltó el aire y chutó con rabiosa precisión a la red juventina. Gol, su decimoquinto en 10 partidos en esta Champions, pleno en todas sus apariciones. Sin fallo. Su celebración fue igual que la de San Siro en 2016, cuando anotó la pena máxima que daba la Undécima o la que redondeó la Décima en Lisboa dos años antes, siempre ante el Atlético: camiseta al viento y torso desnudo a lo He-ManNo le puso nervioso el jaleo del área ni la espera ni los pisotones de los italianos al punto de lanzamiento para estropear el césped. La colocó donde duermen las telarañas con asombrosa puntería y sangre de hielo. El grito del estadio se escuchó en toda la ciudad. Por culpa del puente aéreo, esa conexión electromagnética que une a los dos grandes del fútbol español, en la noche previa las sensaciones en la casa blanca eran raras. La lógica alegría por la eliminación del rival histórico (y más fiero candidato al título) se mezclaba con un pellizco incómodo de advertencia. Tras una semana de dulce resaca por el resultado de Turín, los más temerosos en el club se empezaron a preguntar si sería suficiente ventaja. La machada de la Roma les puso en guardia, al comprobar de nuevo los latigazos que da cuando menos se espera la competición más apasionante del fútbol mundial. Aquellas últimas ocasiones en Italia, una muy clara de Cristiano... Un 0-4 quizá sí hubiera sido demoledor para los juventinos. Porque estos irredentos jugadores, impulsados por un escudo ganador, vieron la noche anterior que hacer tres goles no es un imposible. Ni mucho menos. Los temores madridistas se dispararon con el tanto tempranero de Mandjukic, especialista ante el Real Madrid. De su media chilena de la final de Cardiff al doblete de ayer en la primera parte, una punzada de aire frío en el costado del Bernabéu, de repente con el corazón encogido, olvidada casi la estupenda ventaja de la ida. Un larguerazo de Varane y un paradón de Buffon a Isco eran también señales peligrosas. El baño y masaje que debería ser la velada, el momento de comentar con el compañero de asiento el batacazo azulgrana de Roma y de elegir rival en semis, pasó a ataque de nervios, incrédulos jugadores blancos y la hinchada con el diabólico guión que la eliminatoria tenía guardada para su segundo acto. Nadie se podía creer ese 0-2 que lucía al descanso. Los arañazos visitantes dañaron el ánimo de un equipo desposeído en la primera parte de casi todo el botín de Turín. Como el año anterior en el Calderón, cuando el Atlético se colocó 2-0 tras perder 3-0 en el Bernabéu, el Madrid se vio en un agujero negro, con pánico en las piernas. El tercer gol de la Juve reventó por completo la noche. Cruce igualado en el minuto 60. Increíble. La peor pesadilla blanca jamás vivida en la Copa de Europa solventada de la forma más insólita posible. CR, quién si no, alivió los sofocos marcando el penalti más largo del mundo.

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