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11 de abril del 2021

Política

El perdón de la esquina

Orlando Gil. Las encuestas de los precandidatos oficialistas llenaron el cometido. El propósito era escoger uno de ocho, y después uno de cinco, pues con puerta estrecha no podrían entrar al mismo tiempo y bien. La gente quiere porcentajes, y el reclamo es lo más natural del mundo, pues donde hay números, también suma y […]




Orlando Gil.
Las encuestas de los precandidatos oficialistas llenaron el cometido. El propósito era escoger uno de ocho, y después uno de cinco, pues con puerta estrecha no podrían entrar al mismo tiempo y bien. La gente quiere porcentajes, y el reclamo es lo más natural del mundo, pues donde hay números, también suma y resta. El morbo está que no se aguanta. Solo que la medición fue un acto de inteligencia emocional, y lo inteligente sería no entrar en esos detalles. La idea es unir voluntades y no hacer quedar mal a nadie. La encuesta preguntó por  cada uno de ellos, por ellos entre sí, y respecto a Leonel Fernández y Luis Abinader. Las respuestas fueron tan contundentes y manejadas con  excesiva discreción que no se necesitó ungüento para las heridas. Se quiso contaminar la medición, e incluso manipular resultados, con la intención aviesa de afectar el ánimo de los convenidos. Solo hay que ver cómo se ataca y descalifica más a los derrotados entre comillas que al ganador, y solo por no prestarse al juego artero y abandonar la competencia. La nobleza en política no paga, y menos en gestos menudos. En un ambiente en que cada réplica es mortal, no es usual respetar compromisos.  Un precedente, y podría decirse bueno. Danilo Medina no cumplió el acuerdo de los 15 puntos del Comité Político, como lo interpretaba Leonel Fernández, pero sus parciales se honran entre sí. Dirán, ‘pero y Reinaldo Pared y Carlos Amarante’, y para ese tipo de situación siempre habrá una que otra golondrina. Una golondrina nunca hizo verano, y ahora se  afirma que tampoco dos. Pared se vio con Medina, y aunque desmiente las especies echadas a correr, la comunicación se mantiene, las relaciones no están rotas, y para un pecador de ocasión, María Magdalena es suficiente. Amarante fue visto en la estación, pensando si tomaba o no el tren, pero con más voluntad que desidia. Y seguro se montará temprano y no aguardará el de medianoche. El setenta veces siete de Medina será acogedor.

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