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11 de mayo del 2021

Opinión

El presidente de la Suprema Corte de Justicia

Néstor Arroyo. La recién finalizada semana se discutía quien podría presidir la Suprema Corte de Justicia. Los comentarios giraban en torno a la filiación política o no de los “presidenciables”. No creo que por el solo hecho de ser miembro activo de un partido político se deba descartar una buena candidatura sin ponderar aspectos académicos […]




Néstor Arroyo.

La recién finalizada semana se discutía quien podría presidir la Suprema Corte de Justicia. Los comentarios giraban en torno a la filiación política o no de los “presidenciables”.

No creo que por el solo hecho de ser miembro activo de un partido político se deba descartar una buena candidatura sin ponderar aspectos académicos e historia de vida pública del postulante, más allá de banderías políticas, lo cual podría dar una idea ética de su posible y exclusiva sujeción normativa, de acceder al puesto.

Sin embargo, la historia reciente no ha sido tan halagüeña, inclinando la balanza a que tanto quien presida, como los demás miembros, deban ser abogados sin filiación partidaria.

Con la actual suprema, por ejemplo, todo el mundo sabía que el presidente sería el doctor Mariano Germán Mejía. Todo el mundo, menos el anterior presidente que, hasta último momento, según parece, pensó que seguiría al frente de la Alta Corte y, a última hora, le ofertaron presidir la Sala “Civil”, lo cual rechazó con lógica gallardía.

El doctor Germán Mejía era un ejemplo de académico y procesalista de alto nivel, a quien el cargo de presidente de la SCJ iba a limitarle su constante ejercicio, incluso, parecía un sacrificio personal para ayudar a adecentar la justicia y fortalecer su independencia. Esto a pesar de su cercanía con el entonces presidente Leonel Fernández Reyna y el entorno del mandatario.

Al final, el doctor Germán Mejía, se va sin penas ni glorias. No logró adecentar la justicia y la deja muy mal valorada. No sirvió de freno, ni de contrapeso, ni de muro de contención al poder, todo lo contrario.

¿Quiénes se comentan podrían ocupar tan alto cargo público?
Primero se hablaba del Olivo Rodríguez Huertas, especie de “Padre del nuevo Derecho Administrativo Dominicano”. De indiscutible formación académica que, parece, no le interesó el puesto y quiso ser Embajador en España. Donde ha equipado la embajada, modernizando los procedimientos, promoviendo la cultura dominicana y apoyando a los nacionales. Esperará otro momento histórico.

Luego se hablaba de Flavio Darío Espinal. Hombre sobrio, decente, académico de larga data, constitucionalista de sólida formación y que ha realizado una buena labor al frente de la Consultoría Jurídica del Poder Ejecutivo, quien ha rechazado públicamente la nominación.

El último ha sido Luis Henry Molina, actual presidente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel). El señor Molina fue director por más de 10 años de la Escuela Nacional de la Judicatura (ENJ). Es un gran organizador y un fino tecnólogo, pero, parece, es miembro del Comité Central del PLD, a diferencia de los anteriores, que no tienen vinculación formal partidaria, ni la objeción del artículo 45.2 de la Ley 327-98, de Carrera Judicial.

Entonces, por qué no escoger un juez de carrera, despejando dudas del proceso y fortaleciendo la credibilidad de la justicia. No podría ser, por ejemplo, y con esto el poder político daría un palo por los 411, enviando una señal de irreversible avance institucional, una mujer.

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