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12 de mayo del 2021

Opinión

El proceso penal y la Uasd

Néstor Arroyo. 1. El proceso penal Aunque parezca contradictorio el proceso penal avanza y retrocede, pero retrocede más. Si partimos de la realidad de los tribunales antes de la Ley 76-02, estamos años luz de esas prácticas que hoy vemos como de una época remota, lejana. Sin embargo, en el fondo, los cambios han sido […]




Néstor Arroyo.

1. El proceso penal
Aunque parezca contradictorio el proceso penal avanza y retrocede, pero retrocede más. Si partimos de la realidad de los tribunales antes de la Ley 76-02, estamos años luz de esas prácticas que hoy vemos como de una época remota, lejana. Sin embargo, en el fondo, los cambios han sido más discursivos que reales, aunque algo es algo, o por algún lugar debemos empezar, diría un optimista.

En aquella época, que parece muy lejana, para citar un caso, la valoración probatoria era dejada a la total y libérrima convicción del juzgador. Sin importar mucho la carga probatoria, ni la forma en que se recolectaban las pruebas o se guardaban y llevaban al tribunal, era lo que el juez creía que había sucedido lo que definía la suerte del proceso. Hoy, en el fondo, y quizás hasta en la superficie, eso sigue siendo así. Los jueces deciden según su convicción, muchas veces prefabricada por temor, influencias mediáticas e, incluso, por simple desconocimiento, pero lo adaptan a la sana crítica racional.

Los jueces penales, además, descuidan el derecho penal. Solo quieren saber qué paso, y si el encartado se ubica en el lugar del hecho, lo demás les interesa poco. Entonces, con el plano factico, se crean una opinión y deciden en consecuencia y, con pocas pruebas tienen para, según su criterio, justificar su decisión. Son procesalistas, así de simple.
Por eso, entre otros aspectos que he repetido en otras Pinceladas, el proceso avanza en lo formal, pero retrocede en la práctica. Por eso vamos tan mal. Y ni hablar de otros actores, para ellos, de forma particular, haremos una serie de Pinceladas.

2. La UASD
Donde sí se avanza más que lo que se retrocede, por lo menos hasta ahora, es en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD.

La Universidad es un calco fiel de nuestra sociedad, de otra forma no podría ser, y es tan fuerte y tan sólido su arraigo, que ni sus hijos han podido comérsela, aunque impulsos no les han faltado.
En la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, por ejemplo, sus autoridades se han propuesto entrar en la agenda y el debate nacional y aprovechar al máximo los cuantiosos recursos académicos que posee, desarrollando un amplio programa de actividades que incluye conferencias, puesta en circulación de libros, presentación de estudios situacionales, debates, en combinación con cursos de formación para docentes, en procura de aumentar la matrícula de los investigadores de la facultad. Y, no menos importante, un proceso de actualización curricular.
En este proceso están integradas las escuelas de Ciencias Políticas (creo que es la única en el país), y la de Derecho, esfuerzos que cuentan, además, con la participación entusiasta de los colaboradores de la facultad, bajo de dirección del Decano y la Vice Decana.

La UASD avanza y nos convoca, la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas avanza y nos convoca, mientras sea en beneficio de la academia, que es lo mismo que decir del país, nuestra respuesta entusiasta debe ser de participación.

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