República Digital - Indotel Anuncio

13 de mayo del 2021

Opinión

El salvamento de Valle Nuevo

Felipe Ciprián. Cuando el conflicto entre el Ministerio de Medio Ambiente y los agricultores que ocupaban parte del parque nacional de Valle Nuevo estaba en su más álgido momento por el avance del plazo de desalojo, escribí en Listín Diario un artículo titulado “Una solución para Valle Nuevo”, que se publicó el 5 de noviembre […]




Felipe Ciprián.

Cuando el conflicto entre el Ministerio de Medio Ambiente y los agricultores que ocupaban parte del parque nacional de Valle Nuevo estaba en su más álgido momento por el avance del plazo de desalojo, escribí en Listín Diario un artículo titulado “Una solución para Valle Nuevo”, que se publicó el 5 de noviembre de 2016, y que cualquiera lo puede revisar de nuevo en este vínculo: https://www.listindiario.com/puntos-de-vista/2016/11/05/441945/una-solucion-para-valle-nuevo

Y lo escribí en circunstancias especiales porque tenía 28 días que había regresado a trabajar al Listín después que me llamaran con mucha elegancia Miguel Franjul y Fabio Cabral, y que había conversado con Pepín Corripio y aceptado volver al diarismo con gente que estimo y me aprecia.

Como venía de escribir durante varios años en otro medio y solo ocasionalmente en el Listín, había tomado la decisión de esperar al mes de enero de 2017 para reiniciar mi columna Viento Sur, pero aquella noche del viernes 4 de noviembre de 2016  Franjul me pidió que comenzara a escribir y que el primero saliera al día siguiente.

Como no rehúyo responsabilidades y me encanta mi oficio, veinte minutos después estaba entregando a Félix Lugo, editor de diseño y mi amigo desde 1991 cuando nos encontramos por primera vez trabajando en el Listín, el texto de “Una solución para Valle Nuevo”.

¿Qué planteaba yo ahí, en lo esencial?

Que las cuencas altas de todos los ríos del país hay que recuperarlas para garantizar que el flujo de agua hacia las llanuras y litorales no falte, por lo que terminar con la depredación en Valle Nuevo era una tarea primordial.

Agregué que una vez recuperadas del control que de ellas tenían los depredadores ricos y pobres, correspondía al Estado impulsar acciones decisivas para lograr que el bosque vuelva a florecer con especies de esas zonas de vida, descartando la “reforestación” con plantas invasoras que no se adaptan ni resisten la tempestad de los ciclones.

Dije que en ese momento había una alarma por la permanencia de decenas de familias en el altiplano de Valle Nuevo, Constanza, pues “viven, trabajan, fumigan, cultivan, cosechan hortalizas, crían aves y ganado en ese parque nacional” que es el nacimiento de los ríos más importantes del país.

Su recuperación y la eliminación de toda actividad productiva era un acierto y no se debía dejar sucumbir como en otros intentos gubernamentales.

Consideré que una solución podría ser que el Gobierno buscara una zona baja en la provincia de La Vega, construyera casas con pequeñas parcelas que, emulando al Nuevo Cachón, en Independencia, y mejor aun a La Nueva Manaclita, en Monseñor Nouel, salvaría al parque y no arruinaría la vida de los agricultores que el mismo Estado había ido acomodando en esas serranías.

Advertí que para salvar el parque, no era una solución decirles a esos agricultores que se largaran sin saber hacia dónde, porque sería idéntico a lo que hizo el gobierno a finales de los ochenta con la gente que vivía en el entorno de las presas de Jigüey y Aguacate, que terminaron formando cinturones de miseria en San Cristóbal, Villa Altagracia, Baní y otros poblados.

“Para los dueños de cabañas en Valle Nuevo la solución puede ser una permuta para que el Estado administre estos lugares y los utilice para labor educativa y de recreación como compensación a las buenas labores de servidores públicos, porque destruirlas no tiene justificación porque el daño sería mayor”, propuse, pero al día de hoy el gobierno no ha dicho qué hizo o hará con esos tutumpotes.

El pasado jueves me llené de alegría al ver que Medio Ambiente estaba entregando 53 viviendas a agricultores de El Castillo y La Siberia construidas en Río Grande, fuera del parque, y que son mucho más confortables que sus ranchos en el altiplano.

Lo que causa hilaridad es ver cómo se aportó esta solución habitacional y de pequeñas parcelas en Río Grande: La familia Bermúdez donó los terrenos y otras empresas o empresarios particulares donaron el costo de construcción de cada casita.

Es decir que para una labor tan estratégica para salvar el bosque en la zona de nacimiento de los ríos más importantes del país ¡El Ministerio de Medio Ambiente (el gobierno) no aportó un solo centavo!

Y como tampoco el gobierno aportó la idea, porque se la di yo –modestia incluida o sin modestia como prueba el artículo que recuerdo- quedamos ante el hecho cierto de que en materia de defensa del medio ambiente aquí estamos muy mal, aunque se haga mucho bullicio.

Noticias destacadas