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19 de abril del 2021

Opinión

“El Señor es compasivo y misericordioso”

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez. VII Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C 24 de febrero 2019 a)   Del primer libro de Samuel 26, 2.7-9.12-13.22-23. En esta primera lectura ya viene ilustrada la esencia del tema que nos presenta la liturgia de este séptimo domingo del tiempo Ordinario, y que Jesús desarrollará de manera […]




Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez.
VII Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo C 24 de febrero 2019 a)   Del primer libro de Samuel 26, 2.7-9.12-13.22-23. En esta primera lectura ya viene ilustrada la esencia del tema que nos presenta la liturgia de este séptimo domingo del tiempo Ordinario, y que Jesús desarrollará de manera sencilla y concreta en el Evangelio de San Lucas que comentaremos más adelante: “hacer el bien a los que os odian”. Esto es lo que hace David al ser buscado y perseguido por el Rey Saúl con el único propósito de matarlo. A David se le presentan varias oportunidades para ajusticiarlo, pero no lo hace: lo sorprende en la tienda dormido (1Samuel 26, 5ss) y pudiendo exterminarle en ese mismo instante no lo hace; sino que más bien, para que quede constancia de lo sucedido se limita a cortarle un trozo de su manto. Y es que, en esta primera lectura, tenemos una gran enseñanza, implícita en el actuar de David, él no hace morir a Saúl traspasándolo con su espada porque no quiere atraer sobre sí la maldición por haber aniquilado a un hombre consagrado por el Señor, sino que quiere que sea el mismo Dios quien le haga justicia frente a su enemigo. b)  De la primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 45-49. Al dirigirse en ,estos versículos, a los Corintios el Apóstol San Pablo también se dirige a nosotros y hace la comparación entre “el primer hombre, Adán”, que “se convirtió en un ser vivo”,  y “el último Adán”, Jesucristo, “ espíritu que da vida” (1, Cor. 15, 45), subrayando que el primer hombre procede de la tierra y es terreno, mientras que el segundo Adán, eleva a los hombres a un plano celestial. Jesús, de naturaleza divina, clavado en la cruz por nuestra redención, ha vencido la muerte y nos ha conquistado una nueva vida. c) Del Evangelio según San Lucas 6, 27-38. El Evangelio de este domingo se centra en la explicitación de la cuarta bienaventuranza, según él Evangelista Lucas presentada el pasado domingo. Ciertamente el camino de la felicitad que muestra es paradójico y en esta semana aún más, pues Jesús hace énfasis en el amor y el perdón incondicional a todos los seres humanos, incluso a los que nos persiguen, a los que nos odian. Jesús traza unas normas de conducta: perdón en lugar de venganza, amor al enemigo, en vez de odio y revancha, siendo esa manera la única manera de contrarrestar la injusticia y la violencia. El Señor enfatiza el amor a los enemigos y la comprensión fraterna para evitar los juicios condenatorios. Ese amor a los enemigos lo presenta con ejemplos muy concretos: poner la otra mejilla, ceder el manto, dar al que pide y prestar sin esperar devolución, motivando estas acciones con una promesa: “Así seréis hijos del Altísimo que es bueno con los malvados y desagradecidos” (v. 35). Formulando antes la llamada regla de oro: “Tratad a los demás como queréis que ellos os traten” (V. 31), que si se pusiera en práctica sería suficiente para cambiar la fisonomía de la familia y de nuestra sociedad. Esta regla ya la tratan las escrituras cuando refiere: “No hagas a nadie lo que no quieres que te hagan” (Tobías 4, 15). Jesús nos invita a tomar acción respecto al amor a nuestros enemigos, enfocándonos en la imitación del amor gratuito de nuestro Padre Celestial que está en el cielo hacia todos los hombres, Él que hace salir el sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos (Mt. 5, 45). Cuando Jesús añade “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo” oímos un eco de aquella otra motivación: Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (5, 48). Ahí están fundamentados los criterios que deben motivar nuestra conducta respecto al prójimo, especialmente con el enemigo, con quien busca nuestro mal y nos hace daño: la bondad, la compasión, el amor. Concluyo este comentario refiriendo una indicación práctica sobre cómo actuar que nos señala el P. Raniero Cantalamessa en su libro “Echad las Redes” y es que si no estamos obligados por oficio o por real necesidad, abstengámonos lo más posible de emitir juicios sobre el prójimo, visto que es más fácil que en nuestros juicios se asome el veneno, pero cuando esto no es posible y debemos juzgar, busquemos hacerlo siguiendo la “regla de oro” que nos dio Jesús: “Tratad a los demás como queréis que ellos os traten”, Tratemos de aplicar esta regla de inmediato en cualquier pequeña cosa y nos daremos cuenta de cuán formidable y decisiva es en todo, no desaprovechemos la oportunidad para aplicar las enseñanzas del Evangelio de este domingo, todos los días, en las diversas circunstancias que a diario se nos presentan. Fuente: P. B. Caballero: En las Fuentes de la Palabra, ciclos C. Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo. R. Cantalamessa: Echad Las Redes. Reflexiones sobre los Evangelios. Ciclo C

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