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16 de mayo del 2021

Opinión

El sin embargo

Orlando Gil. El gobierno tiene garantizado los clásicos cien días de licencia, pero no por nobleza o generosidad de los partidos contrarios, sino por las dificultades que acarrean. Las condiciones en que quedaron no les permitirán hacer una oposición combativa, y ni siquiera vale considerar la representación en las cámaras. Tienen que volcarse sobre sí […]




Orlando Gil.

El gobierno tiene garantizado los clásicos cien días de licencia, pero no por nobleza o generosidad de los partidos contrarios, sino por las dificultades que acarrean.

Las condiciones en que quedaron no les permitirán hacer una oposición combativa, y ni siquiera vale considerar la representación en las cámaras.

Tienen que volcarse sobre sí y superar situaciones de debilidad y hasta de legitimidad para afrontar las responsabilidades propias en un sistema democrático.

Aunque todo dependerá, por igual, del manejo oficial.

No debe olvidar que al dominicano le fascina la política, y que pueden darse condiciones de pausa, pero nunca de tregua.

El receso no está en agenda y todos actúan como el bateador que da jonrón: corre las bases sin parar hasta llegar a home. Incluso miran al cielo y dan gracias a Dios.

Basta observar el después de, todos creen haber ganado con la salida del PLD del poder, sin constituirse por ello en nuevas opciones de poder.

El planteamiento de la senadora del Distrito Nacional dio pábulo para reconsiderar posiciones. El PRM mostró largueza en el reparto con sus aliados, pero parecía que no  igual con sus oponentes.

Esa picardía de asumirse como segunda mayoría cuando es primera, para tomarse otro puesto en el Consejo Nacional de la Magistratura que corresponde al PLD, o que por lo menos regateará con la Fuerza del Pueblo, fue un saque de garras inesperado.

Por suerte José Paliza devolvió las aguas a su nivel.

En el plazo de los cien días deberán renovarse las llamadas altas cortes, y el partido de gobierno aparentaba hacerse con todo. La denunciada dictadura del PLD tendría segunda parte.

Se recuerda por ejemplo la vez que el PRD, el vientre del que salió el PRM, nombró los miembros de la Junta Central Electoral sin consultar ni tomar en cuenta a las demás fuerzas políticas. Principalmente al PLD y al partido Reformista, creándose un impasse, un asomo de crisis, al que — como a todo en la vida política del país — se le buscó la vuelta.

Tal vez no se llegue a tanto, pero replicar temperamentos, repetir episodios, no sería alentador.

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