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23 de junio del 2021

Opinión

El sospechoso perfecto

Es de cajón  que cuando se quiere saber quién cometió un crimen lo primero que se pregunta es  a quién beneficia, para luego indagar si ese beneficiario tuvo la oportunidad de cometerlo   y, sobre todo, si cuenta con los medios materiales para hacerlo. Es por eso que desde el mismo día que el país se […]




Es de cajón  que cuando se quiere saber quién cometió un crimen lo primero que se pregunta es  a quién beneficia, para luego indagar si ese beneficiario tuvo la oportunidad de cometerlo   y, sobre todo, si cuenta con los medios materiales para hacerlo. Es por eso que desde el mismo día que el país se enteró de que las elecciones municipales  fueron suspendidas debido a un fallo masivo del voto automatizado se empezó a señalar a los posibles responsables del evidente sabotaje, por lo que cada quien señaló al  que consideraba su principal beneficiario, es decir el principal sospechoso. Como era de esperarse, la mayoría apuntó hacia el gobierno, el dedo malo al que en estos tiempos se le pega todo, que además de beneficiarse de la suspensión  de un proceso  electoral que, según se dice,  no le favorecería, tiene también los medios y la oportunidad para cometerlo por tener el control del Estado y el Presupuesto Nacional. Pero  el Gobierno no solo reúne todas las características que lo convierten en el  “sospechoso perfecto”, como ya se vio,   sino que también  insiste, por  voluntad propia,  en comportarse como tal. Precisamente lo que acaba de hacer con la aparatosa detención de un empleado de Claro  y un coronel de la Policía Nacional   asignado a la escolta del candidato presidencial del PRM Luis Abinader, a los que en lugar de tratar  como  testigos en capacidad de aportar información que permita apresar a los responsables del sabotaje, lo que reclama a gritos la sociedad dominicana, pretenden incriminar de manera torpe y atropellante. Y eso    irritará aun más a una población que necesita prontas respuestas para que la indignación que, poco a poco, va soliviantando los ánimos y calentando las cabezas, no   lo saque todo de control.

Por: Claudio Acosta

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