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19 de abril del 2021

Opinión

El sur-oeste, profundamente abandonado

Por: Amparo CHANTADA. Sus habitantes son fronterizos y pobres, les falta de todo, pasan hambre, sufren enfermedades relacionadas con ese ambiente vivido, son de los más vulnerables porque son fronterizos. Tienen de los más altos índices de pobreza extrema, un 36,6% en la provincia Independencia y 45% en Bahoruco; tienen 34% de desempleo en Independencia y […]




Por: Amparo CHANTADA. Sus habitantes son fronterizos y pobres, les falta de todo, pasan hambre, sufren enfermedades relacionadas con ese ambiente vivido, son de los más vulnerables porque son fronterizos. Tienen de los más altos índices de pobreza extrema, un 36,6% en la provincia Independencia y 45% en Bahoruco; tienen 34% de desempleo en Independencia y en Bahoruco 36%; tienen una mortalidad infantil del 56 o/oo por nacidos vivos; son analfabetos entre un 32 y un 33%; en Independencia, tienen apenas 32 médicos y 136 camas de hospitales por 50,833 h. y en Bahoruco esas cifras son de 23 médicos y 126 camas por 91,480 habitantes; por estar en la frontera, no hay en la región, ni neurocirujano, ni endocrinólogo, ni hematólogo, ni oncólogo, ni infectólogo, ni neurólogo; por eso, tienen una tasa de mortalidad infantil de un 56% y un 18% de desnutrición crónica; tienen una mortalidad materna de un 26 hasta 36% en embarazadas adolescentes y, como es evidente con esas cifras, sus casas son de material y construcción precarios, sin agua potable en un 40 y 50% respectivamente, y sin sanitario en un 52%, tienen poca energía eléctrica -en un 23 y 34%-, hacinamiento y una tasa de emigración e inmigración indetenible. Esa zona fronteriza de Norte a Sur es uniformizada en las estadísticas, en las condiciones de vida, en las expectativas de mejor vida fijadas en el deporte o la emigración hacia España y el vecino del norte. La zona fronteriza y el suroeste con su lago Enriquillo convertido en problema, sufren en carne propia las promesas no cumplidas de todos los gobiernos y de los empresarios que invierten mayoritariamente en el Distrito Nacional y desatienden su frontera. Desde la muerte de Trujillo se repiten esquemas, metáforas, invocaciones, promesas de un control militar eficaz pero no se habla de un desarrollo industrial, agrícola, administrativo imprescindible. Se denuncia la invasión pacífica pero no se es capaz de dar respuestas y al proceso de despoblación que se verifica en todas las provincias fronterizas desde el censo de 1981. No son suficientes las medidas de militarización, la frontera debe ofrecer oportunidades, se debe implementar políticas atrevidas que sean más originales y eficaces, que la construcción de un muro: ¿porqué no desconcentrar toda la administración militar del país, en Pedernales, Comendador y Restauración? Porqué no restaurar el servicio militar voluntario e instalar campamentos en tierras disponibles para cultivos experimentales? Porqué no crear una nueva capital administrativa del país, en San Juan de la Maguana y así desconcentrar esa función de la capital? Porqué no se innova con cultivos de plantas aromáticas (vetiver, lavanda, rosa)? Porqué no se termina la presa sobre el Artibonito? Porqué no se modernizan los puertos de Manzanillo y Cabo Rojo? Porqué no se buscan alternativas en una zona que siempre será difícil hacer prosperar, crecer y estabilizar?

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