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11 de mayo del 2021

Opinión

El temido regreso a clases

Margarita Cedeño.  Diseñar y ejecu­tar un plan pa­ra el retorno de los alum­nos a las au­las es un reto sustancial para la nueva administración. Poner en una balanza educación, sa­lud, la opinión de padres, ma­dres, profesores y la sociedad en general; es una tarea que requerirá mucha inteligencia social y emocional, en un mo­mento en […]




Margarita Cedeño.

 Diseñar y ejecu­tar un plan pa­ra el retorno de los alum­nos a las au­las es un reto sustancial para la nueva administración. Poner en una balanza educación, sa­lud, la opinión de padres, ma­dres, profesores y la sociedad en general; es una tarea que requerirá mucha inteligencia social y emocional, en un mo­mento en el cual, como es ló­gico, hay tensiones propias de los procesos de cambio que di­ficultan la toma de decisiones.

La experiencia de otros paí­ses nos hace pensar que to­da estrategia debe ser puesta a prueba en el terreno y eva­luarse desde la aplicación del método científico. Lo ideal se­ría poner en ejecución distin­tos abordajes y evaluarlos con el auxilio de los mejores profe­sionales de las ciencias sociales y de la salud, para luego ma­sificar el método que sea más eficiente. Una matricula a ni­vel nacional de más de 2.7 mi­llones de estudiantes y 98 mil profesores, requieren de un análisis profundo del impacto del COVID-19 en las aulas do­minicanas.

Las escuelas deben abrir lo más pronto posible, de eso no hay duda. La UNESCO ha advertido sobre el alto cos­to social que supone mante­ner las escuelas cerradas: in­terrupción del aprendizaje, desnutrición infantil, impacto psicológico en los maestros y estudiantes, brechas más am­plias entre las clases sociales, aumento de las tasas de aban­dono y deserción, entre otros más.

Aunque hay que reconocer el gran esfuerzo que han reali­zado padres, madres y tutores, al igual que muchos profeso­res, para promover un espacio de aprendizaje desde el hogar, aprovechando las herramien­tas de la virtualidad, la socie­dad es consciente de la impor­tancia del contacto físico para el aprendizaje y el desarrollo de las inteligencias múltiples.

En el corto plazo, debido a la emergencia que supone la crisis del COVID-19, sacrificar parte del aprendizaje en pos de la salud era lo correcto, pe­ro en el mediano y largo pla­zo, se impone la necesidad de adoptar medidas que “norma­licen” poco a poco el proceso de aprendizaje. Hoy más que nunca la necesidad e impor­tancia de las tecnologías de la información y la comuni­cación (TIC) en el aula y en la vida diaria, han quedado más que evidenciadas.

Pero, además, los profesores requieren una atención y en­trenamiento especiales, para actuar con eficiencia ante cual­quier circunstancia que dificul­te el buen desarrollo de las acti­vidades en el aula, de utilizarse la modalidad dual. Sobre to­do, hay que entrenar a los pro­fesores sobre como mantener la inteligencia emocional, el distanciamiento social, asegu­rar la higiene del aula y detec­tar posibles casos, para evitar focos de propagación.

La situación tan particu­lar que vive la humanidad re­quiere un abordaje distinto de la planificación educativa, un esfuerzo sobrehumano pa­ra mantener los resultados y la calidad en un contexto ad­verso para el aprendizaje y el compromiso aún mayor de quienes reconocen la educa­ción como una vocación.

“Si no estás dispuesto a equivocarte, nunca llega­rás a nada original”, decía Sir Ken Robinson, referente de la transformación del sistema educativo, fallecido hace unos días luego de luchar contra el cáncer.

La sociedad dominicana de­be abordar el reto de la trans­formación de la educación y su adaptación a los tiem­pos del COVID-19 con valen­tía, empatía y determinación, consciente de que tenemos un gran desafío, pero a la vez una gran oportunidad de dar el sal­to que nos exigen los tiempos para de manera vertiginosa in­sertar nuestros jóvenes en la 5ta revolucionaria industrial, y así reducir por siempre las bre­chas que separan los ricos de los pobres.

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