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18 de mayo del 2021

Opinión

¡El tránsito, Dios!

Orlando Gil. orlandogil@claro.net.do. Ahora que el año va llegando a sus finales, y diciembre es todo estertor, una agonía de causa conocida, justo que la política se retraiga y todo el escenario sea de la  Navidad y sus bloqueos de calles. Un hecho sutil, aunque ruidoso, pero en estos últimos días, o tal vez semanas, […]




Orlando Gil.
orlandogil@claro.net.do.

Ahora que el año va llegando a sus finales, y diciembre es todo estertor, una agonía de causa conocida, justo que la política se retraiga y todo el escenario sea de la  Navidad y sus bloqueos de calles.

Un hecho sutil, aunque ruidoso, pero en estos últimos días, o tal vez semanas, se vive en la capital un fenómeno incómodo y difícil de asumir, asimilar o aceptar.

Ya no es el antiguo tapón que se manejaba con paciencia y se llegaba tarde al trabajo o a la casa de regreso, sino que la situación se tornó imposible.

Y tan enemigos de la humanidad los semáforos como los  agentes del Digesett que se colocan en las intercesiones dizque para agilizar el tránsito.

Nadie conoce el manual de procedimiento, pero si la  rutina   que es la misma, como si fuera una consigna para fastidiar al conductor. Al conductor de vehículos, que no al de motores, pues este se les  burla en la cara.

El gobierno se dio cuenta de que era diciembre y dispuso la entrega del sueldo 13 que el dominicano gusta llamar regalía.

La Policía Nacional supo que habría mucho dinero en manos de la gente, que esta no se quedaría en casa y que iría prontamente a gastarlo en la calle. Los operativos especiales se montaron desde principio de mes.

Las autoridades del transporte recordaron las normas propias de las fiestas e hicieron las previsiones de lugar respecto a los camiones de patana y los correspondientes furgones.

Los responsables del tránsito al parecer no se enteraron y abandonaron las calles a su suerte. Si algo se acordó, sería entre ellos, pero no con la población que padece la falta de orden.

El Superior Gobierno tampoco se percata del descuido, pues no reacciona. No llama a capítulo a los encargados ni  toma medidas heroicas, y no hay dudas de que lo que sucede previo a Noche Buena,  también se producirá para Año Nuevo.

No puede decirse que sea un problema de seguridad nacional, pero es una falla de gobernabilidad, afecta a mucha gente y debe ser corregida.

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