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12 de abril del 2021

Opinión

El viento a favor

Orlando Gil. gil@claro.net.do/@orlandogildice. La campaña electoral encontró la manera de no pararse y los candi­datos se mueven como si tuvieran el viento a su favor. Nadie desdice y todos cantan vic­toria, como si fuera igual el gallero que se entre­tiene con los topados de patio que el que lleva apuesta en el coliseo. La cuarentena […]




Orlando Gil.
gil@claro.net.do/@orlandogildice.
La campaña electoral encontró la manera de no pararse y los candi­datos se mueven como si tuvieran el viento a su favor. Nadie desdice y todos cantan vic­toria, como si fuera igual el gallero que se entre­tiene con los topados de patio que el que lleva apuesta en el coliseo. La cuarentena pasará y en su momento ca­da aspirante hallará la horma de su zapato, el justo tamaño, pues ahora andan con los cor­dones sueltos y se pisan caminando. Posiblemente la nueva normalidad permita encuestas presenciales más frecuentes y mejor acreditadas. Aunque se murmura de hechas que no se publican para evitar enojo de candidatos. Llegados a esos extremos, ya se sabe de qué va la cosa. Aunque, siendo estrictos, se advierte que ninguno de los candidatos está haciendo un trabajo a conciencia, efectivo, productivo, sino que por lo visto van tirando como esos mofles viejos. Mucho ruido, pero máquina en desperfecto. Incluso un fenómeno nuevo, inusual, y del que no se conoce provecho. El de candidatos que aparentemente saturan, y no por causa propia, sino del oponente. Lo que hace el oficialista, por ejemplo, no so­lo se conoce por su publicidad, que es amplia y cuantiosa, sino por la reacción de sus contra­rios, que la reproducen y multiplican. Así no solo llega a los destinatarios natura­les, a quienes vaya dirigida, sino a universos tal vez adversos, pero cuyos gestores no ca­nalizan adecuadamente su fastidio. No es habitual que el tiro salga por la culata, es un decir, pero si se que se ataje y sea otro que enlace. Y sucede en la vida corriente, y también en la política. No sé si realmente ocurrió, pero leí que un deportista que estaba varado en el exterior, y que regresó al país en uno de los “ viajes humani­tarios ” de Gonzalo Castillo, cambió de color. Seguía al candidato de oposición, ahora a su benefactor. Una bola en avión fue suficien­te para que olvidara su antigua militancia y asumiera la de signo contrario. Con más garrochas que mascarillas, y los tránsfugas como la verdolaga, mejor aguar­dar una lotería más propicia.

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